
Imagina que tu cuerpo guarda energía como si fuera una alcancía. Cuando todo está en equilibrio, usas y guardas energía sin problema. Pero cuando la hormona del estrés se mantiene alta por mucho tiempo, tu cuerpo recibe una señal distinta: “guarda más energía, por si acaso”.
Esa energía extra se almacena sobre todo en el abdomen. ¿Por qué ahí? Porque esa zona es como un “depósito rápido” que el cuerpo usa en situaciones de alerta. Además, esta hormona hace que tengas más apetito, especialmente por alimentos dulces o grasos, lo que aumenta aún más la cantidad de energía que se guarda.
También puede hacer que tu cuerpo use peor el azúcar, favoreciendo que se acumule en forma de grasa.
Por eso, descansar bien, recrearte, moverte y tener momentos de calma ayudan a que esta hormona no se mantenga elevada y tu cuerpo use la energía de forma saludable.
