
¿Notas que la copa de vino que antes tolerabas perfectamente ahora te provoca sofocos, palpitaciones, dolor de cabeza o una mala noche de sueño? No es una impresión. El cuerpo cambia la forma en que responde al alcohol.
Por un lado, con la edad disminuye la cantidad de agua corporal y aumenta la proporción de grasa. Esto hace que una misma cantidad de alcohol alcance concentraciones más altas en la sangre. Además, los cambios hormonales pueden aumentar la sensibilidad del sistema nervioso y de los mecanismos que regulan la temperatura corporal.
El alcohol también favorece la dilatación de los vasos sanguíneos, lo que puede desencadenar o intensificar los sofocos. Y aunque muchas personas sienten somnolencia después de beber, en realidad el alcohol suele fragmentar el sueño y aumentar los despertares durante la noche.
Por eso, si notas que el alcohol ya no te sienta igual que antes, probablemente no sea una casualidad. Tu biología ha cambiado.
