Vino de Perú en “maduración”: radiografía de una industria que resiste pese a este reto | ECONOMIA

El comportamiento del consumo interno —bordea anualmente los dos litros por persona—, la competencia de las bebidas importadas y la capacidad del empresariado para generar valor agregado serán factores medulares de cara al futuro del sector. ¿Por qué?

En 2022, la industria vitivinícola peruana alcanzó uno de los mejores momentos de su historia reciente.

En 2022, la industria vitivinícola peruana alcanzó uno de los mejores momentos de su historia reciente.

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¿Un salto que reescribe la tendencia?

La verdadera prueba de consolidación no es únicamente cuánto vino se produce, sino cómo colocarlo con éxito fuera del país. Según recaba ADEX Data Trade, entre enero y marzo de 2026, las exportaciones de vino del Perú registraron una intensidad poco vista en los últimos años.

En detalle, sumaron US$ 1.88 millones FOB, frente a apenas US$ 371,868 FOB en el mismo periodo de 2025. En otras palabras, los envíos se multiplicaron por más de cinco y registraron un crecimiento de 405% interanual.

Hasta el año anterior, la historia exportadora de esta bebida era otra: había estado marcada por repliegues puntuales, tal como lo muestra el cuadro contiguo con información de la Sociedad Nacional de industrias (SNI).

Incluso Jorge Picasso, vicepresidente del Comité Vitivinícola del gremio, resumió el comportamiento anual: “La exportación del vino ha ido a la baja, ya que ha presentado una contracción, entre 2021 y 2025, de 11.8% en valor y de 35% en litros”.

El primer trimestre de 2026 ya superó, por sí solo, varios años completos de exportaciones de vino peruano.

El primer trimestre de 2026 ya superó, por sí solo, varios años completos de exportaciones de vino peruano.

¿Pero a qué se debe el giro en este primer tramo del 2026? Con la lupa nuevamente sobre la data de ADEX, la gran sorpresa está en la partida correspondiente a vino en recipientes con capacidad superior a dos litros (pensados para eventos).

Durante el primer trimestre de 2025, esta categoría no registró exportaciones. No obstante, en el mismo periodo de 2026 generó US$ 1.65 millones FOB. Su peso es tal que representa el 87.9% de todos los envíos de vino peruano realizados en ese lapso.

Sin embargo, mientras las remesas en formato de mayor volumen despegan, el segmento tradicional muestra una realidad distinta: las exportaciones de vinos en recipientes de hasta dos litros —grupo en el que suelen ubicarse las botellas cotidianas destinadas al consumidor final— pasaron de US$ 353,253 FOB (enero-marzo de 2025) a US$ 227,481 (enero-marzo 2026). Esto representa una caída del 35.6%.

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El reto para sobresalir

Picasso le pone foco a la problemática: el actual Impuesto Selectivo al Consumo (ISC) del vino está diseñado con una lógica que perjudica a la industria vitivinícola peruana.

Puntualmente, la bebida está gravada bajo un esquema ad valorem; es decir, el impuesto sube conforme aumenta el precio de la botella. Bajo esta dinámica, los vinos de mayor calidad terminan pagando mucho más ISC que los vinos económicos.

La crítica del vocero es que el sistema desincentiva justamente aquello que el país debería promover: vinos premium, productos con mayor valor agregado. “Actualmente, tiene un ISC al valor de 25%-30%“, explica.

Si se toma como referencia una tasa de ISC de 25%, una botella de vino popular de S/ 15 aporta S/ 3.75 al fisco; una de S/ 35, S/ 8.75; una premium de S/ 80, S/ 20; y una reserva de S/ 150, S/ 37.50. Con este ejemplo se muestra que el impuesto aplicado al vino “de alta gama” es 10 veces superior al que recae sobre un vino popular.

En esa línea, tras la consulta de Gestión, el propio titular del Ministerio de la Producción (Produce), César Quispe, resaltó que “Perú tiene potencial para desarrollar la industria del vino”.

“Tenemos variedad de uvas y variedad de climas, lo cual es una característica que nos puede dar un valor adicional. A partir de las uvas con las que se hace el pisco podemos hacer vinos con uvas patrimoniales, que solamente tenemos en Perú. La uviña, la albilla y más”, agregó.

Sumado a ello, reconoció, que una de las principales inquietudes del sector es el esquema tributario vigente: “Un obstáculo que hemos recogido de los productores es la competencia que tiene el vino de Perú con el vino importado. Nos dicen que el ISC del vino peruano es bastante alto”.

Picasso expone, a modo de complemento, que el proceso de importación en Perú es “sumamente sencillo”. Además, los aranceles actuales son muy bajos, lo que permite la entrada de productos extranjeros con facilidad.

El escenario se agudiza porque la sobreproducción obliga a que muchos países exporten sus excedentes a precios “ridículos” para vaciar sus bodegas antes de que empiece la campaña próxima. “Se pueden encontrar vinos importados a S/10 o S/12 la botella. Llegan con precios depredatorios”, dice. Los impuestos, desde su perspectiva, fomentan la evasión fiscal, la adulteración y el fraude.

Añade un dato: “En comparación con la tributación de otros países para el vino tranquilo (hasta 15° de graduación alcohólica), 14 países de la Unión Europea y uno de América (Argentina) tienen impuesto cero al vino».

Así van las cifras de importación de vino en los últimos años. Los vinos en recipientes con capacidad menor a 2 litros son los protagonistas.

Así van las cifras de importación de vino en los últimos años. Los vinos en recipientes con capacidad menor a 2 litros son los protagonistas.

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La modificación que impulsa el empresariado

La propuesta de los productores frente a la desventaja competitiva para la producción nacional, descrita anteriormente, es reemplazar el esquema actual por un ISC específico único de S/ 1.50 por litro, similar al modelo utilizado para el pisco.

En otras palabras, todas las botellas pagarían el mismo impuesto por volumen, independientemente de su precio. Ello, según analizan los interesados, también les ayudaría a aliviar la presión con respecto al ciclo productivo del vino: desde las labores agrícolas hasta la venta pueden transcurrir alrededor de 12 meses o más, debido a procesos como cosecha, vinificación y alejamiento. Aun así, la obligación tributaria opera bajo los mismos plazos que otras bebidas alcohólica de producción rápida, como la cerveza.

La industria considera que aquello genera problemas de liquidez porque los productores deben afrontar obligaciones tributarias mientras gran parte de su capital sigue inmovilizado en el proceso productivo.

En efecto, Sebastián Carruitero, asociado del Área de Consumo y Competencia de Rodríguez Angobaldo Abogados, explica este punto y considera que el debate sobre la carga tributaria aplicable al vino peruano no debería centrarse únicamente en si el ISC es alto o bajo, sino en cómo interactúa el diseño del impuesto con la estructura particular de esta industria; es decir, en cómo funciona la cadena de distribución y los tiempos de recuperación del capital.

“Tanto el IGV como el ISC gravan operaciones de venta; sin embargo, en el caso del vino existe un desfase importante entre el momento en que nace la obligación tributaria y el momento en que el productor realmente recupera liquidez“, describe.

«El ISC se activa con la venta del producto, aunque en la práctica el productor todavía puede no haber recibido el flujo de caja correspondiente, ya sea porque el producto continúa almacenado en bodegas o porque las operaciones funcionan con pagos diferidos, financiamiento comercial o factoring”, complementa.

Pese a ello, el especialista indica que no puede afirmarse que el producto importado tenga una ventaja tributaria absoluta. “Los importadores también pagan ISC y, dependiendo del origen del producto, pueden asumir aranceles y otros costos aduaneros. La diferencia parece estar más vinculada a la posibilidad de acceder a financiamiento internacional o a plazos comerciales más amplios otorgados por proveedores extranjeros”.

Además, para él es clave que cualquier intento de establecer tratamientos tributarios diferenciados entre vino nacional e importado se evalúe cuidadosamente, “a la luz del principio de trato nacional reconocido en el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) y los compromisos comerciales asumidos por el Perú”.

“Una mayor presión financiera sobre productores con menor acceso a crédito podría favorecer procesos de concentración o dificultar la permanencia de bodegas pequeñas y medianas. Asimismo, podría incentivar modelos de integración vertical en los que solo ciertos actores con suficiente capital logren absorber eficientemente los costos financieros asociados al desfase tributario y comercial”, advierte.

Hasta el momento, Quispe ha subrayado que el 11 de junio, Día Nacional del Vino Peruano, se configurará como un marco oportuno para someter el tema a discusión.

Los datos:

  • Estados Unidos se mantiene como el principal destino comercial del vino peruano: concentra exactamente la mitad del mercado total. Francia, Japón, China y España completan el ranking. A continuación, los pormenores.
Vino peruano en mercados internacionales.

Vino peruano en mercados internacionales.

  • Produce informó que hay 369 empresas formales que se dedican a la producción de vino. “Esto representa el 98% del total de empresas. Tenemos estimado que este sector genera más o menos 36,000 puestos de trabajo directos”, sostuvo Quispe.
SOBRE EL AUTOR

Camila Vera Criollo

Redactora de Economía en diario Gestión. Periodista piurana con seis años de experiencia profesional en el rubro.

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