
Imagina que tu cuerpo tiene una batería que necesita cargarse y usarse bien durante el día. El cortisol es una hormona que ayuda a manejar esa energía. Cuando te despiertas, el cortisol sube y le dice a tu cuerpo: “¡Es hora de empezar!”. Entonces libera energía guardada, especialmente en forma de glucosa, para que tu cerebro piense y tus músculos se muevan.
Si corres, estudias o te enfrentas a algo difícil, el cortisol también ayuda a que tengas energía disponible rápidamente. Es como un “modo ayuda” que se activa cuando lo necesitas. Pero no está todo el tiempo alto. En la noche baja, para que tu cuerpo descanse y se recupere.
El problema aparece si el cortisol se mantiene alto por mucho tiempo, como cuando hay estrés constante. Por eso, dormir bien, comer a tus horas y jugar al aire libre ayudan a que esta hormona funcione correctamente y tu energía esté en equilibrio.
