Pensá por Marco Antonio Merino

El último técnico que llevó a la selección de fútbol a un Mundial fue Ricardo Gareca. Entre muchas enseñanzas, dejó una palabra que se volvió casi un mantra: “Pensá”. En el fútbol, como en la vida, no basta con correr; hay que entrenar, leer el partido, interpretar al rival, entender el momento, decidir en segundos.

Esa capacidad de pensar con criterio tiene un nombre: discernimiento. Nadie imagina a un entrenador gritando “¡Discerní!”, pero eso es exactamente lo que se espera dentro de la cancha: seguir indicaciones, improvisar con inteligencia, adaptarse a las circunstancias y comprender que los partidos se ganan en 90 minutos, no en 30. El liderazgo no consiste solo en dar órdenes, sino en pensar mejor y ayudar a los demás a pensar.

Este paralelismo con el fútbol se traslada con claridad a la vida cotidiana y al mundo empresarial. No importa cuán preparados estemos, cuántos títulos tengamos o cuántas opiniones externas recibamos; si no sabemos discernir, tomaremos malas decisiones. Y hoy, en el Perú, lo vemos.

La coyuntura, la inseguridad, la violencia, la incertidumbre política, las campañas electorales, los discursos de derecha o de izquierda, todo eso influye, presiona y confunde. Por eso, se vuelve indispensable pensar con calma, con visión de largo plazo. Pensar para crecer, para crear, para innovar.

No podemos seguir instalados en el statu quo. No podemos hacer de 2026 un simple copy paste de 2025. En el fútbol y en los negocios, quien solo defiende, tarde o temprano recibe el gol. Hay que patear hacia adelante. Apostar por lo mejor de nosotros mismos. Trabajar duro, sí, pero con propósito.

En casi tres años conduciendo un programa de televisión empresarial, El cliente, he conocido a muchos empresarios. Algunos están pensando seriamente cómo transformar sus empresas y contribuir al país sin refugiarse en la zona de confort. Otros, en cambio, se conforman con lo logrado y prefieren pasar desapercibidos, defendiendo lo ganado.

Ser conservador no es, en sí mismo, algo negativo. Pero en un país con potencial de crecimiento, como el Perú, no atreverse a “pensá” es equivalente a esperar que el rival falle. Y casi nunca falla.

A pocos días de la Navidad, vale una reflexión final. En medio del ruido, las compras, los regalos y las urgencias, solemos olvidar algo esencial: el dueño del cumpleaños no son los obsequios, ni las luces, ni el consumo: es Jesús. Recordarlo también exige pensar, pensar qué celebramos, por qué celebramos y cómo vivimos esa celebración.

Seamos creyentes o no, la Navidad nos invita a detenernos, a discernir y a reenfocar. A entender que lo importante no siempre es lo inmediato ni lo material, sino el sentido profundo de nuestras decisiones.

Pensar bien. Discernir mejor.

Porque al final, tanto en el fútbol como en la vida —y también en la fe—, los partidos importantes no se ganan por inercia, sino por decisión.

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