Sin embargo, aunque suelen percibirse como una actividad recreativa e inofensiva, su realización dentro del ámbito laboral plantea preguntas sobre los límites que pueden imponer las empresas, los riesgos asociados al manejo de dinero y las responsabilidades que pueden surgir cuando la propia organización decide involucrarse.
La buena noticia para los aficionados es que la legislación laboral peruana no prohíbe expresamente este tipo de actividades. No obstante, no significa que puedan desarrollarse sin restricciones ni consecuencias dentro del centro de trabajo.

Entre goles y apuestas: lo que pueden hacer las empresas frente a las pollas laborales | (Foto: magnific.com)
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¿Las empresas pueden restringirlas?
Juan Valera, abogado laboralista, explica que las pollas entre trabajadores son válidas siempre que sean voluntarias, no interfieran con la jornada laboral y no generen presión sobre quienes decidan no participar.
En la misma línea, Eddy Ramírez, socio de Vargas Pareja Abogados & Consultores, señala que antes de organizar una actividad de este tipo es importante verificar si la empresa ha establecido alguna restricción en su Reglamento Interno de Trabajo o en sus políticas corporativas.
Ambos especialistas coinciden en que el empleador tiene la facultad de limitar o, incluso, prohibir estas actividades en ejercicio de su poder de dirección, especialmente, cuando considera que pueden afectar la productividad, la convivencia laboral o el adecuado desarrollo de las funciones.
La diferencia entre una polla de trabajadores y una organizada por la empresa
Uno de los principales aspectos que cambia el análisis es quién impulsa la actividad.
Cuando la polla es organizada de forma privada por los propios trabajadores, suele tratarse de una iniciativa ajena a la esfera de organización de la empresa. Sin embargo, no impide que el empleador intervenga si la actividad termina afectando el trabajo o incumpliendo normas internas.
El escenario es distinto cuando es la propia empresa que la promueve, organiza o administra la dinámica. Según Valera, en ese momento, la organización asume mayores responsabilidades relacionadas con la transparencia de las reglas, la administración de fondos, la entrega de premios y el trato igualitario entre los participantes.
Ramírez agrega que, en estos casos, corresponde al empleador definir claramente las condiciones de participación, los premios y la finalidad de la actividad para evitar conflictos posteriores.
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El dinero es donde empiezan los problemas
Aunque una simple dinámica de pronósticos puede parecer inofensiva, la presencia de dinero suele ser el principal factor de riesgo.
Valera advierte que pueden surgir conflictos por desacuerdos respecto de los resultados, incumplimientos en el pago de premios o cuestionamientos sobre la administración de los aportes. Incluso, señala que estas situaciones podrían escalar y generar enfrentamientos entre trabajadores o afectar el clima laboral.
Ramírez coincide en que los problemas suelen aparecer cuando las reglas no están claramente definidas o existen vacíos que dan lugar a interpretaciones distintas entre los participantes.
Además, ambos especialistas resaltan que este tipo de actividades puede distraer a los trabajadores durante la jornada laboral y generar una disminución de la productividad, especialmente, cuando las coordinaciones, cobros o discusiones se realizan dentro del horario de trabajo.
Nadie puede sentirse obligado a participar
Otro aspecto clave es el carácter voluntario de estas actividades.
Los especialistas advierten que las pollas no deben convertirse en una obligación implícita para los trabajadores. El riesgo aumenta cuando quien promueve la actividad ocupa un cargo de jefatura o tiene capacidad de decisión sobre otros colaboradores.
Según Valera, si un trabajador se siente presionado a participar, especialmente por parte de un superior, podría incluso configurarse un supuesto de hostilidad laboral. Ramírez añade que, aunque no exista una orden expresa, algunos trabajadores podrían sentirse comprometidos a colaborar para evitar conflictos o mantener una buena relación con sus superiores.
Por ello, recomiendan evitar que actividades que involucren aportes económicos sean impulsadas por quienes ejercen funciones de supervisión.

Pollas en la oficina: qué está permitido y qué puede sancionar una empresa | Foto: Elaborada por ChatGPT
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¿Puede haber sanciones?
Las consecuencias dependerán de las reglas internas de cada empresa y del impacto que la actividad tenga sobre el trabajo.
Si las pollas están expresamente prohibidas en el reglamento interno o si su organización afecta el cumplimiento de las funciones, utiliza recursos de la empresa o genera conflictos entre trabajadores, el empleador podría evaluar la aplicación de medidas disciplinarias.
Asimismo, aun cuando no exista una prohibición específica, la empresa conserva la facultad de intervenir si la actividad termina perjudicando el normal desarrollo de las labores o el ambiente de trabajo.
Cómo evitar contingencias durante el Mundial
Ante el interés que genera el Mundial 2026, los especialistas recomiendan que las empresas definan reglas claras sobre este tipo de actividades y, de ser posible, eviten asumir la administración de dinero aportado por los trabajadores.
Como alternativa, plantean promover concursos, trivias o dinámicas de pronósticos financiadas por la propia empresa, donde los premios no dependan de una bolsa común de aportes. De esta manera, se puede fomentar la integración y el compañerismo sin asumir los riesgos que suelen acompañar a las apuestas dentro del centro de trabajo.
En otras palabras, las pollas no están prohibidas, pero tampoco son una zona libre de reglas. Mientras sean voluntarias, no interfieran con el trabajo y respeten las políticas internas de la empresa, podrán seguir siendo parte de la fiesta mundialista. Cuando involucran dinero, presiones o afectan la jornada laboral, el partido legal cambia por completo.
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