El año empezó con la salida de Manuel Burga del LUM tras una sesgada gestión que llegó incluso a casos de censura (como al documental 1214: No tememos a los cobardes) y fake news (el asesinato de Pedro Huilca). Un entremés del fenómeno que marcaría el año 2025: la batalla por la memoria cultural de los años del terrorismo.
Censura e incultura
A la censura desde la izquierda activista se le sumó la censura desde la derecha conservadora. Tanto el Ministerio de Cultura como el Centro Cultural de la PUCP prohibieron la obra teatral María Maricón, una burda provocación que hizo que los conservadores pisen el palito.
Fue el mismo Ministerio de Cultura quien maltrató la memoria de Nicolás Yerovi, impidiendo que se velara al escritor en sus instalaciones.
En el marco del 490 aniversario de Lima, la estatua de Pizarro fue reubicada junto al monumento de Taulichusco, como doble símbolo de mestizaje y unión. Una necesaria reconciliación histórica que fue muy criticada por los rezagos del castillismo, ese que miente con la ‘leyenda negra’ española y el populismo antihispanista.
Desde el Congreso se propuso gravar los bienes de lujo, colocando obras de arte, esculturas y bibliotecas junto a piedras preciosas y autos deportivos. La iniciativa legal fue de Sigrid Bazán y no prosperó. La cultura no es un lujo, congresista. Menos aún en un país donde la educación es pésima gracias a la izquierda sindical que copa el magisterio.
Su versión subversiva
La Cámara Peruana del Libro se equivocó varias veces en el affaire Víctor Polay. Primero, invitando al subversivo a que presente un libro del 2020, como si fuese un interlocutor democrático y como si el libro fuese una novedad. Segundo, no organizando una mesa crítica en torno al libro o un panel donde se cuestione el discurso del autor. Y, finalmente, al retirar la presentación del libro por la mera presión de la opinión pública y no por un tema de principios, sin ninguna explicación convincente. Queda claro que la Feria Internacional del Libro se organiza de forma muy improvisada, sin un claro criterio de selección que priorice la calidad o la relevancia de una publicación.
No fue una censura, porque el libro del emerretista está disponible en Internet desde 2020. Donde sí se prentede hacer un boicot es en la presentación de María Corina Machado en el Hay Festival de Cartagena 2026, donde la exguerrillera Laura Restrepo —en una velada defensa del régimen de Maduro— ha cuestionado la llegada de la premio nobel de la paz. ¿Tan difícil
es debatir?
Sin embargo, fue principalmente en el cine donde se libró la lucha por la memoria cultural de los años de violencia. Un anticipo ocurrió en el Festival de Cine de Lima, donde la proyección de Uyariy (2025), el documental de Javier Corcuera sobre las protestas de 2023, provocó aplausos de pie de un público que gritó: “¡Dina, asesina, el pueblo te repudia!”. No se vio la misma indignación por la aparición de Maritza Garrido Lecca en Stigma (1986), proyectada en el mismo festival.
Los estrenos de El corazón del lobo (2025) y Chavín de Huántar (2025) marcaron el año cinematográfico. La primera es un retorno del mejor Francisco Lombardi. Y la segunda fue un éxito de taquilla con más de 1.5 millones de espectadores. Ambas fueron criticadas de forma sutil o explícita, ya sea por su financiamiento, sus actuaciones o la construcción de sus personajes subversivos. Usos y costumbres de la guerra cultural.
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