Me dice que su padre vive en Iquitos desde hace mil años. Una forma de explicar su arraigo amazónico que empezó hace cuatro décadas. Un antropólogo de selva y que hoy supera los 80 años de edad.
La primera vez que ella pisó la Amazonía fue con él, lo visitaba en las vacaciones. Era niña, no recuerda ese primer episodio. Y sin pretenderlo, aquellos paisajes de la selva se volvieron escenarios naturales de su imaginario personal y ahora —sin pretenderlo— de su geografía literaria.
Micaela Chirif acaba de publicar un nuevo libro para las infancias. Se trata de Vida y costumbres de los animales de la Amazonía (Planeta), junto a la bióloga Silvia Lazzarino y la ilustradora Loreto Salinas.
—Quizás lo que siempre me ha llamado la atención es que en la Amazonía muchas veces escuchas a los animales más que verlos —me dice la escritora que también ha sido nominada en Suecia al Astrid Lindgren Memorial Award 2026, uno de los galardones más importantes de la literatura infantil. El premio será anunciado en abril del próximo año.
Su reciente obra agrupa a setenta animales de nueve países de la cuenca amazónica. Una selección que busca dar cuenta de la diversidad en distintos sentidos y que incluye siete hábitats al interior de este gran ecosistema amazónico. Peces, insectos, mamíferos, aves, reptiles; entre ellos, animales icónicos como el jaguar, el delfín rosado o el paiche.
Impresionante el recorrido del pez dorado. Empieza al pie de los Andes, donde nace, y llega hasta el Atlántico, y luego vuelve al lugar donde nació. Hay una suerte de consciencia. Es casi poético. ¿Qué nos dice eso?
(Sonríe). Bueno, una de las cosas que nos dice es que cualquier problema en cualquier parte del trayecto puede poner en peligro esa especie. Tú sabes que si se pone en peligro una especie, se pone en peligro a otras más.
Porque es una cadena.
La castaña que se le cae al mono, la recoge el agutí y esas castañas que el agutí sembró luego crecen y se forman nuevos árboles.
Sin ánimo patriotero, ¿el Perú qué protagonismo tiene en la cuenca amazónica?
Tiene un patrimonio impresionante. Después de Brasil es el país con mayor área de Amazonía. Es un patrimonio que tenemos aquí al lado y no hacemos lo suficiente. Vemos cómo se contaminan los ríos, cómo se deforesta, cómo se trafica con especies amenazadas. Y no nos damos cuenta de que es un patrimonio que no solo es nuestro, es un patrimonio de la humanidad. Mucha de la lluvia que cae en el norte de Argentina viene de la selva amazónica. Y este intercambio que hay entre las arenas del Sáhara que vienen volando, atraviesan el Océano Atlántico y caen sobre el suelo amazónico y lo nutren. Es impresionante.
La existencia de los hábitats dentro de la Amazonía, del suelo a la copa de los árboles, es un factor que me parece no tenemos muy presente.
El suelo amazónico es bien oscuro, porque hay tantos árboles que entra muy poca luz. De hecho, hay semillas, por ejemplo, que están como en estado latente hasta que cae un árbol y entonces entra la luz. Y hay una cosa que yo no sabía y que descubrí haciendo este libro: los ficus, cuando están ahí arriba, tiran sus semillas al aire, las semillas se aposentan en otro árbol y empiezan a crecer allá arriba y crecen de arriba a abajo; conforme bajan van estrangulando al árbol que los ha hospedado. Se alimentan de ese árbol hasta que llegan al suelo. Yo no sabía que los ficus eran estranguladores (risas). Esa es su estrategia para sobrevivir, para reproducirse.
¿Por qué antes publicaste ‘Animales peruanos’ y ahora este sobre animales de la Amazonía?
Siento que hay poco libro informativo, que den cuenta de la riqueza de nuestro país.
Libros informativos que, además, despierten el asombro.
Lo que hemos intentado es, en primer lugar, tener una información muy verificada. Información científica muy confiable. No es Wikipedia, no es Google y ya. Son artículos científicos y cuando he hecho los textos, he tratado de hacer como relatos más o menos literarios, como reconstrucción de algún tipo de escena. Pero a veces te faltan datos; entonces, tienes que sortear eso sin distorsionarlo.
Como el caso del saltamontes payaso.
Que son puras preguntas. Y eso me pareció interesante también porque en el fondo le estás diciendo al lector que no se sabe todo, que hay cosas por descubrir; y eso me parece especialmente bonito para un niño o una niña, saber que quedan cosas por descubrir, por investigar.
En los textos para niños se suele usar el “había una vez”. Tú eliges otra forma de narrar. ¿Por qué un niño sí conectaría con cómo escribes?
Tenemos mucho prejuicio acerca de lo que los niños pueden entender o no. La idea de infancia es relativamente reciente, antes a nadie se le ocurría que había cosas especiales para los niños. Y siempre ha habido una tensión entre lo pedagógico y lo literario. Y siempre hay esto de qué cosa se le debe dar a un niño y qué cosa no. Me interesaba mucho hacer un ejercicio que fuera de literatura y yo creo que eso a los niños les interesa. Estás contándoles el dato científico, pero no tan desnudo sino integrándolo. Es una forma de que sientas una cercanía afectiva con el animal.
Y que involucres a los padres, ¿no?
Y a los maestros. Este libro, al igual que Animales peruanos, está hecho para un público muy amplio. Con un niño chiquito, puedes mirar el libro y decir «mira, este animal se llama tal». Con un niño más grande, de pronto puedes decir ¿en qué parte vive?, ¿cuál es su hábitat?, ¿qué come? A mí siempre me ha interesado hacer libros que, de alguna manera, puedan concitar el interés intergeneracional y de esa manera también promover el intercambio entre padres, hijos, abuelos, maestros, etcétera.
¿Se deben prohibir determinadas lecturas para las infancias?
Yo tuve la suerte de que en mi casa había montones de libros y nadie me dijo nunca “esto no lo puedes leer”. Y yo recuerdo con mucho placer haber agarrado libros que no entendía nada, pero que los leía un poco y después los dejaba… Creo que también a veces ponemos demasiado énfasis en que el niño tiene que entender lo que lee, y a veces hay un placer que no pasa por entender. Si tú miras a los niños chicos, a veces repiten ciertas palabras porque les gusta cómo suenan… Hay un video que me gusta mucho de un niñito que le dice a su mamá: «Dime palabras difíciles». Entonces, la mamá le dice laparoscopía, y el niño repite y no le importa saber qué significa, le gusta hacer el esfuerzo de decirlas y escucharlas. Y además, cuando no te quedó claro algo, de repente vas a volver, vas a releer y vas a encontrar otras cosas.
O lo encuentras en otro libro.
Y eso también mantiene cierta curiosidad, un cierto deseo de saber, que es un deseo que está en peligro, en una época como la nuestra donde todo parece estar hecho, todo parece estar respondido.
El deseo de saber está en peligro de extinción.
La curiosidad se puede morir con esa apariencia de que le pregunto al ChatGPT y ya me respondió. Y tenemos que saber que los lugares de donde saca información la inteligencia artificial o los buscadores es de espacios que hemos creado nosotros mismos, que hemos descubierto nosotros mismos.
Entonces, ¿se deben prohibir lecturas?
Nunca. Jamás se debería prohibir un libro, incluso por más malo que sea (risas).
¿Por más complejos que puedan ser los temas, como sexualidad, homosexualidad?
Si son libros complejos, uno tiene que haber criado niños que confíen lo suficiente en uno como para poder conversar o poder preguntar. Por otro lado, es tan absurdo censurar libros cuando, por ejemplo, la pornografía está al alcance de cualquier niño.
¿A raíz de la pandemia hubo un crecimiento de la literatura infantil?
Desde antes de pandemia, en los últimos años, ya se daba un crecimiento bastante grande de la literatura infantil.
¿Por qué?
Me imagino que por intereses comerciales porque es un mercado muy grande, el de los colegios, el de los planes lectores y todo eso. Y en parte, sí creo que hay padres o madres que aunque no hayan leído en su infancia quieren que sus hijos lean, porque de alguna manera sienten, piensan que la lectura produce algún beneficio.
En el libro dices que los animales y las plantas también son gente. ¿Cómo explicarlo?
Compartimos el espacio con seres que son un otro. En ese sentido, son gente, tienen una individualidad. Y eso es algo que hemos tratado de mostrar en el libro: una peculiaridad. Loreto ha tratado de representar la versión menos icónica de un animal. Hay un jaguar representado con melanismo, y más o menos el 10% de jaguares tiene melanismo.
¿Te siguen fascinando los tigres? ¿O después de este libro te fascinan otros animales?
(Risas). He estado fascinada con todos. Pero yo no sabía que los perezosos tienen como seis especies de polillas que viven en su cuerpo y que, además, durante mucho tiempo no se sabía por qué los perezosos —que hacen todo desde arriba del árbol— bajaban para defecar. Y luego se descubrió que cuando bajan al suelo a defecar, las polillas ponen sus huevos en esa caquita. Esa caquita del perezoso sirve para que se alimenten las larvas de esa polilla y luego se puedan reproducir. Y tiene, además, unas algas y unos hongos que viven en su cuerpo y que no se encuentran en ninguna otra parte. El perezoso es como un pequeño ecosistema.
O las mariposas que se alimentan de las lágrimas.
Claro, hay muy pocas sales en la Amazonía. Y las lágrimas de los cocodrilos, de los caimanes y de las tortugas tienen sales. Por eso es que los animales también se encuentran en las colpas, porque en las colpas quedan sales de cuando el mar llegaba… Y luego el dato que me voló la cabeza es que hace como 60 millones de años el Amazonas corría en la otra dirección. Fue el levantamiento de la cordillera de los Andes lo que hizo al final cambiar la dirección…
Autoficha:
-“Soy María Micaela Chirif Camino. Tengo 52 años. Nací en Lima. No sé cuántos libros he publicado, pero debo estar cerca de los treinta. Son libros que toman muchísimo trabajo. Con este último hemos estado como dos años y medio hasta que hemos podido imprimirlo”.
-“Este año también publiqué un libro que se llama Diez cabezas, nueve sombreros, que solo se ha publicado en italiano, portugués y holandés, pero aún no se ha publicado en castellano, espero que el próximo año se publique. Y publiqué otro que se llama Miel, en Colombia”.
-“Me gusta hacer libros que sean muy diferentes unos de otros, de manera que sea como hacer un primer libro siempre. Me dedico básicamente a escribir libros y también doy talleres, clínicas de proyectos, talleres de lectura de libros para niños. Para escribir no hay mayor aprendizaje que la lectura”.
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