La especialista en asesoría estratégica, Paula Almansa, en el marco de una conferencia que brindó a clientes de BBVA, conversó en exclusiva con Gestión. Entre otros rasgos, detalló disputas que pueden emerger en los procesos de sucesión.
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¿Qué tipo de conflictos se observa en las empresas familiares (incluidas las peruanas)?
Una de las inquietudes más grandes es la transición, y la segunda es la manera de estructurar protocolos y mecanismos que permitan hacer esa transición. Se puede producir mucha inquietud por parte de la primera generación que entiende que es momento de dejar a la segunda y tercera generación su espacio, pero no saben cómo hacerlo. Y es curioso porque existe la voluntad, pero sin tener un mecanismo, sin saber cómo hacerlo, eso genera mucha más ansiedad.
En el momento en que se estructura, entonces ya existe un protocolo, unas guías que hacen que todo el mundo se sienta más cómodo.
Si no se organiza bien la transición, ¿qué puede pasar?
Cuando no se organiza bien (desde antes), luego es mucho más difícil y es más probable que se desuna (la familia).
¿Qué disputas pueden surgir?
Hay que distinguir. Por un lado, no todos deben estar de acuerdo, por ejemplo, en si se debe crecer más rápido o más lento, si es conveniente o no endeudarse, o si se debe implementar una nueva línea de negocio o no. Son discrepancias que se solucionan con el diálogo y es natural en todas las familias.
Por otro lado, lo que no es sano es cuando se lleva al terreno personal. Ya no estamos hablando de negocio, sino de disputas entre hermanos. Esas son emocionales. Cuando miras lo que hay debajo, no está tan presente el negocio, sino una sensación de injusticia porque uno piensa que el otro fue tratado de mejor manera, por ejemplo. Muchas veces son heridas que se arrastran desde muy atrás y que deben conseguir limpiarse, porque si no, eso entorpece.

Empresas familiares. Cuando no se organiza bien la transición desde antes, luego es mucho más difícil. Foto: Pixabay.
Disputas
¿Qué proporción de esos enfrentamientos afectan a las compañías?
Diría que una o dos de cada 10 de esas disputas perturban e impiden el funcionamiento de la empresa. Lo normal es que sean desavenencias subsanables y sanas.
¿Nota algún cambio en la disposición de los jerarcas o de la familia para con las sucesivas generaciones?
Hay temas que son universales. Por un lado, desde la parte de arriba, no es fácil soltar. Piensa en el fundador de una empresa, el patriarca o la matriarca, que es alguien con mucha fuerza que creó una empresa probablemente atravesando muchas dificultades y que le cuesta soltar. Eso es por dos motivos principales. Primero, porque está identificado con su propia empresa. Si yo dejo de ser la figura central de mi familia, ¿en quién me convierto? Ya no voy a ser tan importante, ya no me van a escuchar.
Por otro lado, hay un tema de confianza. Si yo dejo que mis hijos sean los que tomen las decisiones, ¿lo van a hacer bien? Y esa es una pregunta muy legítima.
En la decisión del líder de la familia de dar el paso a la siguiente generación, ¿qué otras dificultades pueden aparecer?
Por la velocidad acelerada de los cambios, puede producirse una desconexión entre cómo los negocios eran en su momento y cómo son ahora. Entonces, eso puede generar cierta desconfianza y empeorar la comunicación entre las dos generaciones, sobre todo si existe mucha distancia en el tiempo.
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Por la velocidad acelerada de los cambios, puede producirse una desconexión entre el jerarca y la generación más joven. (Imagen creada con ChatGPT)
Ingreso de familia política
Si no existen distintas opiniones, la familia no es tan funcional. Más bien significa que todos son muy complacientes al intentar seguir lo que decide “el de arriba”, advierte la consejera y asesora estratégica Paula Almansa.
“Pienso que (en las empresas familiares) se valora muchísimo el vínculo entre los miembros de la familia. Es decir, si las personas se sienten unidas y queridas, todo es mucho más funcional, se escuchan mejor. Y cuando eso no sucede, entonces es muy disruptivo”, afirma.
En particular, existen momentos como la incorporación de la familia política, cuando los hijos se casan, por ejemplo. En ese instante, todo el sistema familiar debe “adaptarse” a la nueva circunstancia y puede causar preocupación, añade la especialista.


