Los embates políticos que el Perú ha vivido en los últimos años han contribuido a un creciente desencanto entre los jóvenes, cada vez más distantes del debate público. En plena campaña electoral surge una pregunta: ¿es posible captar su atención mediante uno de los recursos predilectos de su generación? Hablamos de los videojuegos.
A nivel mundial, la industria ‘gamer’ crece de forma acelerada, tanto en consumo como en desarrollo, y el Perú no es la excepción. En ese contexto, algunos creadores comienzan a explorar si este medio interactivo puede servir también para abordar temas cívicos y sociales.
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Videojuegos para pensar la democracia
“El videojuego no solo es un medio para entretener, sino también para hacer pensar y construir empatía frente a realidades que quizá no habíamos considerado antes”, comenta a El Comercio Mateo Alayza, codirector del estudio Hermanos Magia.
Esa idea es precisamente la que impulsa Telar, un proyecto ideado por los hermanos Mateo y Gabriel Alayza, del estudio Hermanos Magia, y Luis Wong, de Leap Game Studios, que reunió a estudiantes universitarios de distintas disciplinas para desarrollar videojuegos inspirados en dilemas de la democracia peruana.
Uno de los ponentes del workshop Telar expone ideas durante una de las sesiones del programa, que reunió a estudiantes universitarios interesados en el desarrollo de videojuegos.
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Alayza cuenta que el proyecto tomó cerca de un año de preparación, aunque su puesta en marcha se realizó en un periodo mucho más breve. Actualmente, Telar desarrolla su primer workshop en las instalaciones de la Pontificia Universidad Católica del Perú, con alumnos de distintas carreras y universidades..
Durante tres semanas intensivas, 25 estudiantes seleccionados entre más de 80 postulantes participaron en un programa de formación que incluyó más de 40 charlas de especialistas nacionales e internacionales. Las conferencias estuvieron orientadas a acercar a los estudiantes tanto a la realidad del país como al funcionamiento de la industria del videojuego.
“Hemos tenido más de 40 charlas de nivel de maestría con especialistas de alto nivel, desde doctores en filosofía y ciencias políticas hasta congresistas, periodistas y desarrolladores de videojuegos de distintos países”, afirma Alayza.
Una de las charlas del workshop Telar, iniciativa que busca formar a una nueva generación de desarrolladores de videojuegos en el Perú.
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El objetivo del programa, según sus organizadores, es descubrir, conectar y formar a una nueva generación de desarrolladores capaces de pensar el videojuego también como una herramienta cultural y de reflexión social.
Para Alayza, el potencial del videojuego para abordar estos temas radica en su naturaleza interactiva. “El videojuego es un medio participativo, a diferencia del cine o la pintura”, explica. “Es importantísimo que se piense con esa urgencia hoy para la cultura”, añade.
Ese enfoque se refleja en los tres prototipos desarrollados por los estudiantes, que abordan distintos problemas del país a través de experiencias narrativas interactivas.
Tres juegos inspirados en los dilemas del país
Uno de ellos es “Quiri”, una experiencia narrativa en la que el jugador debe impulsar un proyecto de ley dentro de un sistema político atravesado por intereses cruzados. El juego se inspira en conflictos sociales como el llamado “Baguazo”, ocurrido en 2009, que enfrentó a comunidades amazónicas con fuerzas del orden y dejó 33 muertos entre civiles y policías.
Sin embargo, ganar la partida no depende únicamente de lograr que la ley sea aprobada. A lo largo del proceso, distintos congresistas ofrecen concesiones o acuerdos que pueden alterar el espíritu original de la propuesta, obligando al jugador a decidir hasta qué punto está dispuesto a ceder con tal de alcanzar su objetivo.

“Quiri”, videojuego narrativo en el que el jugador intenta impulsar un proyecto de ley mientras negocia con congresistas y enfrenta presiones políticas que pueden alterar su propuesta.
Otro de los prototipos es “Oro manchado”, centrado en la minería ilegal, una de las problemáticas más complejas del país y vinculada a delitos como el sicariato, la contaminación ambiental y la explotación sexual. En este juego de sigilo, el jugador asume el papel de María Carrillo, una fotoperiodista que debe infiltrarse en una zona dominada por redes criminales para obtener pruebas de estas actividades mientras evita ser descubierta.

“Oro manchado”, juego de sigilo que pone al jugador en el papel de una fotoperiodista que investiga redes de minería ilegal y otros delitos en la Amazonía.
El tercer proyecto, “Politikito”, aborda la corrupción cotidiana desde una perspectiva distinta: la de un niño. En el juego, inspirado en la lógica de los antiguos tamagotchis, el jugador debe “criar” a su propio político ideal, guiando su desarrollo mediante valores y decisiones que moldearán su comportamiento en la vida pública.

“Politikito”, videojuego inspirado en los tamagotchis en el que el jugador “cría” a un político ideal mientras enfrenta los dilemas de la corrupción en la vida pública.
Formar desarrolladores y ciudadanos
Los tres videojuegos aún se encuentran en proceso de corrección y afinación. Sin embargo, para los organizadores —que han seguido de cerca el desarrollo de cada proyecto— uno de los resultados más notorios ha sido la evolución de los participantes, quienes comenzaron a abordar los problemas del país con una mirada más crítica y reflexiva.
“El gran cambio es esa preocupación de los chicos por asumirse actores cívicos”, señala Alayza.
Otro de los aspectos que más destacan los organizadores de Telar es la diversidad de perfiles que participaron en el workshop. Los estudiantes seleccionados no provenían únicamente de carreras vinculadas a la programación o la ingeniería, sino también de áreas como literatura, música, psicología y ciencias sociales, disciplinas que pueden aportar a la construcción narrativa, estética y conceptual de un videojuego.
“El videojuego es un medio en el que distintas disciplinas pueden encontrarse. Tener gente de ciencias políticas, arquitectura, sociología, literatura o biología enriquece mucho lo que un juego puede llegar a ser”, comenta Alayza.
Un participante del workshop Telar trabaja en la composición musical para uno de los videojuegos desarrollados durante el programa.
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Pero, más allá de los prototipos desarrollados durante el workshop, la iniciativa busca abrir una reflexión más amplia sobre el papel cultural del videojuego en el país. Para sus organizadores, este medio puede convertirse en una forma de explorar problemáticas sociales y, al mismo tiempo, construir una narrativa propia sobre la realidad peruana.
Alayza compara ese proceso con lo ocurrido con la gastronomía peruana, que pasó de ser una tradición cotidiana a convertirse en un elemento central de la identidad nacional. En su opinión, algo similar podría ocurrir con los videojuegos si se desarrollan propuestas capaces de dialogar con la realidad del país.
“El videojuego puede ayudar a construir un lenguaje común de cómo nos reconocemos como sociedad”, reflexiona.
