Con la suscripción de una importante bancada en el Congreso de la solicitud del Pleno Extraordinario para ver el caso del presidente Jerí, parecería que la suerte está echada y que estamos viendo un déjà vu. Porque faltaría solo sumar a Fuerza Popular, y con esos votos la sesión extraordinaria estaría cantada en el curso de la próxima semana y los votos para ese Pleno augurarían, o asegurarían, la declaración de vacancia por incapacidad moral del mandatario.
Más allá de que tenga o no tenga razón la situación de Jerí con su visita, encapuchado, para comer chifa tarde o sus amistades no aclaradas con cuestionados personajes chinos, o sus fiestas ochenteras con funcionarios del Congreso vinculadas a actividades irregulares; más allá de eso, en el actual contexto electoral él se convierte en un peso muerto.
Si los brillantes asesores de quienes están en la campaña política le dicen a su asesorado: «si tú soportas a Jerí, pierdes votos y si tú apoyas la vacancia, ganas votos», la respuesta está más que descontada y, por lo tanto, parecería ser que la suerte del presidente está echada y que en no más de 10 días podría haber un cambio radical en la jefatura de Estado del país.
¿Cuánto afectaría esto al país? ¿Cuánto afectaría a la economía? ¿O cuánto afectaría a la estabilidad política de cara a las elecciones? Es algo que está por construirse y por saber.
