Un lazo para toda la vida, por Silvana Rizo Patrón

Tengo la suerte de tener dos hermanos; soy la menor y entre los tres nos llevamos bastante bien, algo por lo que estoy profundamente agradecida. Creo que el vínculo entre los hermanos es potencialmente uno de los más especiales de la vida: compartimos mucho con ellos y pueden llegar a ser grandes compañeros. Al mismo tiempo, soy consciente de que este lazo también es complejo y puede estar plagado de competitividad, rivalidad y tensiones. De chicos, al tener solo un padre y una madre, cada hijo intenta diferenciarse de los demás para obtener su atención y su amor. Más adelante, a lo largo de la vida, pueden surgir situaciones que compliquen estas relaciones y, en ocasiones, incluso lleguen a romperlas. Esto resulta especialmente triste, dado el valor que puede llegar a tener este vínculo tan especial.

En mi experiencia como estudiante de Psicología, he notado que el vínculo fraterno no ha sido tan estudiado y analizado como el de padres e hijos, pese a ser, en mi opinión, igual de importante. No obstante, Jeffrey Kluger, periodista y editor senior de TIME, es autor del libro The Sibling Effect, donde explora cómo el vínculo entre hermanos influye en nuestra personalidad, nuestro mundo emocional y la forma en que nos relacionamos a lo largo de la vida. En una charla TED muy interesante (The Sibling Bond), menciona una frase que considero hermosa y muy cierta: “Nuestros padres nos dejan muy temprano en la vida y nuestra pareja e hijos llegan muy tarde; son nuestros hermanos los únicos que están con nosotros a lo largo de todo el camino”.

Además, Kluger retoma estudios que exploran las tendencias temperamentales que caracterizan a las personas con base en su posición ordinal entre los hermanos. Así, por ejemplo, los hijos mayores suelen tener un coeficiente intelectual mayor al resto, en parte porque reciben más atención de sus padres al inicio y también porque pueden enseñar a los menores. Los hermanos menores, por su parte, al ser los más débiles y pequeños del clan, tienden a desarrollar habilidades distintas, más orientadas a la autodefensa. Por ejemplo, suelen ser más graciosos y más intuitivos. En cuanto a los hermanos del medio, suelen ser quienes más luchan por el reconocimiento y la atención. Asimismo, con frecuencia desarrollan relaciones más ricas fuera de la familia, ya que sus habilidades de socialización no suelen estar del todo satisfechas dentro de ella.  

Quien tiene un hermano tiene un tesoro. Tiene, en potencia, una fuente de compañerismo y pertenencia para toda la vida. Quizá por eso, no cuidar ese vínculo sea, como sugiere Kluger, una necedad de primer orden. 

 

 

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