Los que menos deberían protestar por esta reestructuración de Petroperú son sus sindicatos. Deberían sus trabajadores agradecer, más bien, que sus retiros laborales vayan a ser ordenados y que así se van a ir a sus casas con sus jubilaciones intactas, porque deberían ya a estas alturas entender dentro de sus cabecitas que Petroperú está recontraquebrada y que, por eso precisamente, se les está retirando magnánimamente con fondos que vienen directamente del presupuesto público (o sea, de los impuestos de todos los peruanos) y no, como debería ser, con los recursos propios de una empresa que ya NO vale nada, que fue terminalmente arrasada por esa locura de construir esa impagable refinería de Talara a un costo astronómico (si no hubieran hecho Talara y no se hubieran endeudado así, Petroperú habría podido vegetar por varios años más. Al final, sus impulsores, Ollanta, Campodónico y Mohme, la mataron).
En realidad, los empleados de Petroperú no se merecerían un solo sol del bolsillo del resto de los peruanos. Basta leer el libro de Carlos Paredes, expresidente de esta firma estatal, para constatar cómo esa empresa fue vampirizada durante años por ellos mismos, con un sinnúmero de gollerías y prebendas, que la habían capturado ante la indiferencia o complicidad de tantos directivos irresponsables, pues como “el dinero público es de todos y de nadie a la vez” finalmente a muchas gerencias, que a menudo estaban solo de paso, no les interesó que los fondos de Petroperú se dilapiden y terminaron así aceptando cualquier pedido sindical para llevar la fiesta en paz.
¡Hermanos sindicalistas de Petroperú, les insto fervorosamente a que sigan oponiéndose a una salida ordenada y generosa como esta para que el colapso sea total y no puedan cobrar un solo centavo o lo hagan después de muchos años! ¡Ese sí que sería un castigo muy justo y un espectáculo delicioso para quienes por décadas hemos venido denunciando a ese engendro parasitario que ha sido siempre Petroperú!
