Suiza vive una de las jornadas más oscuras de su historia reciente. El país guardará cinco días de luto nacional tras el incendio que devastó el bar Le Constellation en la estación de esquí de Crans-Montana, donde 47 personas murieron y al menos 115 resultaron heridas mientras celebraban la llegada del Año Nuevo.
El siniestro se desató alrededor de la 1:30 de la madrugada del 1 de enero, cuando el local se encontraba abarrotado.
Testigos relataron que el fuego comenzó tras la introducción de bengalas en botellas de champán, lo que provocó que las llamas alcanzaran el techo del bar y se propagaran en cuestión de segundos por el sótano lleno de jóvenes, muchos de ellos adolescentes.
La desesperación se apoderó del lugar cuando decenas intentaron huir por escaleras estrechas, en medio del humo y el pánico.
El presidente suizo, Guy Parmelin, calificó el incendio como un hecho “sin precedentes” y uno de los episodios más traumáticos que ha vivido el país. “Fue un drama de una magnitud desconocida”, afirmó, al rendir homenaje a las vidas jóvenes truncadas, a sus proyectos y sueños interrumpidos de forma abrupta.
HERIDOS MUY GRAVES
Los equipos de emergencia recibieron la alerta apenas dos minutos después del inicio del incendio. Según la policía del cantón del Valais, se activó una alerta roja que movilizó a decenas de ambulancias, helicópteros y cuerpos de bomberos.
Los heridos fueron trasladados a hospitales de Sion, Lausana, Ginebra y Zúrich. Varios presentan quemaduras graves y daños pulmonares severos, y algunos permanecen en cuidados intensivos.
Mientras avanzan las labores de identificación —que incluyen tomas de ADN a familiares—, crece la dimensión internacional de la tragedia.
Autoridades de Italia y Francia confirmaron ciudadanos desaparecidos y heridos entre las víctimas.
La fiscalía del cantón investiga las causas exactas del incendio y ha evitado adelantar conclusiones, aunque reconoció que el local tenía accesos reducidos y que el fenómeno registrado fue descrito como un flashover, una combustión súbita y generalizada extremadamente letal.
VIGILIA Y DUELO
La noche del jueves, cientos de personas se reunieron en silencio frente al bar calcinado para dejar flores y velas, mientras en iglesias de la zona se celebraban misas en memoria de los fallecidos.
Crans-Montana, una localidad turística de apenas 10.000 habitantes, quedó sumida en el duelo, consciente de que lo que debía ser una celebración se transformó en una pesadilla colectiva.
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