segunda dosis de la vacuna

Si la vacuna es la versión debilitada del virus, este breve gobierno de Perú Libre podría ser la dosis de refuerzo que nos inmunice por otro puñado de años contra la izquierda retrógrada. Un gobierno caótico pero controlado como el que se avizora ayudaría a que el sistema inmunológico del cuerpo social nacional reconozca al antígeno, produzca los anticuerpos y ‘recuerde’ al virus a la hora de votar el 12 de abril de 2026. Porque como ya se ha visto, el peruano vota por oposición. 

Pero todo dependerá de cómo se construya esa memoria.

Porque la memoria política parece ser particularmente corta en los últimos años. A finales del siglo XX el nefasto primer gobierno izquierdista de Alan García bastó para convencernos de cambiar el modelo económico. Pero la velocidad del nuevo siglo y la debilidad de los partidos han estirado el tiempo político. Ahora un mandatario dura un año. Y el desastroso gobierno de Pedro Castillo ocurrió hace tres presidentes.

La derecha tiene a su favor al propio presidente. Como Castillo, es un izquierdista cajamarquino (cercano a Barrantes y Murrugarra). Es un sobreviviente de la vieja guardia. Y por eso repite los dogmas machistas y sexistas de la izquierda ochentera. Además, tiene una desorientación propia de su avanzada edad (83 años). Es la receta para el caos.

Pero la izquierda es experta en infiltrar y deslindar. En tomar el poder y ser oposición a la vez. En penetrar el gobierno y luego no asumir los platos rotos de una mala gestión porque “esa no era la verdadera izquierda”. Lo hicieron con Alan I, Humala, Castillo y Boluarte. Y lo harán con Balcázar. Vladimir Cerrón ya anunció la ruta hacia el poder (que no es lo mismo que el gobierno) en zigzag, citando a Lenin, con un paso adelante y dos atrás, marchas y contramarchas. Ha aprendido la lección y pretende gobernar sin asumir los pasivos.

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