¿QUE LE PASO A LA IZQUIERDA EN CHILE?

Pensar que la elección del último domingo, que le dio un triunfo arrollador a José Antonio Kast, (republicano y no ultraderechista como machacan hasta el hartazgo sus detractores) no debe servir como elemento de análisis en el Perú sería un craso error.

Mirar las experiencias de los vecinos suele tener resultados positivos por lo general y estudiar los cambios emocionales del electorado podría ser una práctica que ayude.  

¿Por qué perdió tan estrepitosamente la izquierda en Chile? Podría resumirlo simplemente en tres palabras: no supo leer. No obstante, considero interesante poner sobre la mesa los siguientes factores:

•    No supo capitalizar debidamente la ventaja que sin querer le dio una derecha que llego a la primera vuelta completamente dividida. Los egos desmesurados del sector priorizaron los intereses particulares sobre los del país. Eso se nota. Eso no es popular.
•    No supo -o no pudo- aquilatar el hartazgo del ciudadano de a pie al que supuestamente representaba. Su autoproclamada superioridad moral le impidió ver que los discursos identitarios fueron desplazados por una creciente inseguridad a nivel nacional. La verborrea progresista cansa, ese lenguaje recargado que aparenta intelectualidad deja de tener importancia ante la sensación de vivir constantemente en riesgo.
•    El feminismo a ultranza se develó en una completa hipocresía al permitir que se baje el perfil de una acusación muy seria de violación sexual dentro de La Moneda misma. Le costó el puesto y la cárcel a un ministro, pero su destitución llego tarde, y mal, sin embargo, su libertad llegó temprano y fue muy cuestionada. 
•    Grosero intervencionismo de un gobierno desgastado e impopular. Recordemos que el presidente Boric ostenta más del 60% de desaprobación. El presidente mismo, así como sus ministros y viceministros, no se contuvieron en hacer propaganda abiertamente a favor de la candidata comunista. Cuando uno representa en forma indiscutible la figura de la frustración, arrastra con ella a todo lo que se pretende apoyar.
•    Una candidata que no dudó en cambiar su discurso, tanto en forma como en fondo, a la luz de las circunstancias, no genera confianza. Eso afectó la imagen de la señora Jara ante los posibles seguidores de los candidatos que quedaron fuera y a cuyos votantes se orientó completamente la campaña. La falta de consistencia pasa la factura a la credibilidad de un candidato. Esto quedó demostrado en el hecho que perdió en todas las regiones del país. Ni una sola se compró el camaleónico discurso.
•    Autocrítica inexistente.

No ha sido de extrañar que el día de hoy, las reacciones negativas no se hayan cuidado ni siquiera en disimular su ira. Entre ellas sobresale la de una congresista española que con gran desparpajo dijo que las elecciones carecieron de “legitimidad democrática” (lo que sea que signifique eso) y la del buen amigo colombiano que llamó al electo presidente “hijo de un nazi”. Cabe mencionar que, en forma ejemplarmente republicana, la candidata perdedora y el presidente en ejercicio, no tardaron más de media hora en llamar a José Antonio Kast. 

Para tomar en cuenta.

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