por qué el ruido pone en riesgo a mascotas y a personas vulnerables

Durante las celebraciones navideñas, la pirotecnia genera niveles de ruido y contaminación que afectan de manera directa a mascotas, niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA) y personas con enfermedades cardiovasculares, neurológicas o respiratorias. 

Especialistas y estudios científicos coinciden en que no se trata solo de una molestia pasajera, sino de un riesgo real para la salud y el bienestar de estos grupos vulnerables.

Mascotas: pánico, accidentes y daño a la salud

Las mascotas pueden oír sonidos hasta cinco veces más lejanos que los humanos.

Las mascotas son uno de los grupos más expuestos a los efectos del ruido. Pierina Grados, veterinaria de Vet Partners, explica que perros y gatos tienen una capacidad auditiva mucho más desarrollada que la humana.

“Las mascotas pueden oír sonidos hasta cinco veces más lejanos que nosotros. Los estruendos de la pirotecnia les generan pánico, ansiedad y desorientación”, señala la especialista.

Este miedo extremo puede provocar intentos de escape que terminan en atropellos, caídas desde balcones, quemaduras o extravíos. 

La evidencia científica respalda esta advertencia: estudios publicados en Journal of Veterinary Behavior y ScienceDirect indican que entre el 25 % y el 50 % de los perros presentan miedo severo a los fuegos artificiales, y algunas investigaciones elevan esta cifra hasta cerca del 80 %.

A ello se suma la inhalación de sustancias tóxicas liberadas por la pirotecnia, que pueden causar en las mascotas síntomas gastrointestinales, irritación respiratoria y malestar general, especialmente en espacios cerrados.

 

Personas con enfermedades cardiovasculares y neurológicas

El impacto del ruido no se limita a los animales. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce a la contaminación acústica como un factor de riesgo para la salud humana.

Diversos estudios publicados en The Lancet y Environmental Health Perspectives vinculan la exposición a ruidos intensos con aumento de la presión arterial, estrés agudo, alteraciones del ritmo cardíaco y mayor riesgo de eventos cardiovasculares, especialmente en personas con enfermedades preexistentes.

Investigaciones disponibles en PubMed Central advierten que durante fechas con uso intensivo de fuegos artificiales —como Navidad y Año Nuevo— se registra un aumento de episodios cardiovasculares y hospitalizaciones.

En personas con epilepsia, el estrés intenso provocado por ruidos fuertes e impredecibles puede actuar como detonante de convulsiones.

Niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA)

Los niños con TEA constituyen otro grupo especialmente vulnerable. Organizaciones como Autism Speaks, Autism Society y los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) señalan que muchas personas dentro del espectro presentan hipersensibilidad sensorial, particularmente auditiva.

Estudios sobre ruido ambiental e infancia indican además impactos negativos en el sueño, el comportamiento y la estabilidad emocional.

Los fuegos artificiales, por ser ruidos fuertes, impredecibles y repetitivos, pueden generar crisis de ansiedad, desregulación emocional o meltdowns, que no son berrinches, sino respuestas involuntarias ante una sobrecarga sensorial. 

Estudios sobre ruido ambiental e infancia indican además impactos negativos en el sueño, el comportamiento y la estabilidad emocional.

Contaminación del aire y daño auditivo

La pirotecnia no solo produce ruido. También libera partículas finas y compuestos químicos que deterioran la calidad del aire y pueden agravar enfermedades respiratorias. 

Además, las detonaciones pueden superar los niveles seguros de sonido y causar daño auditivo, como tinnitus o pérdida de audición temporal o permanente.

Para Pierina Grados, dejar de usar pirotecnia no es exageración ni una moda.
“Celebrar sin pirotécnicos es una forma concreta de cuidar la salud y el bienestar de quienes no pueden defenderse del ruido”, afirma.

Proteger del ruido de la pirotecnia tanto a niños como a mascotas no le quita alegría a la Navidad; al contrario, la convierte en una celebración más segura, empática e inclusiva. 

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