En un mensaje cargado de espiritualidad y llamado a la transformación interior, el Papa León XIV se dirigió a miles de fieles congregados en la Plaza de San Pedro para dar inicio formal al tiempo de Cuaresma, en el marco de la tradicional Audiencia General del Miércoles de Ceniza.
Bajo un cielo sereno y en un ambiente de recogimiento, el Pontífice invitó a los creyentes de todo el mundo a vivir este periodo litúrgico como una oportunidad de profunda reflexión, conversión y reconciliación espiritual.
Durante su intervención, el Santo Padre subrayó que la Cuaresma no debe reducirse a un simple rito externo, sino que representa un camino de transformación interior.
“El tiempo cuaresmal es un momento privilegiado para volver al Señor, para abrir el corazón a su palabra y dejar que ella nos transforme”, expresó ante los asistentes.
El eje central de su mensaje fue la empatía y la misericordia. El Papa exhortó a abandonar actitudes que hieren al prójimo, alimentan el resentimiento o generan distancias que debilitan la comunión con Dios.
“Pidamos al Señor que disponga nuestros corazones para vivir su mensaje”, señaló con firmeza, marcando el tono de lo que espera sea un recorrido espiritual que conduzca a la celebración de la Pascua con una fe renovada.
En un contexto global atravesado por conflictos, polarización y tensiones sociales, el Pontífice destacó que la misión de la Iglesia en este tiempo es proyectarse como un signo visible de unidad.
Subrayó que la comunidad cristiana está llamada a convertirse en un espacio de acogida, diálogo y reconciliación, especialmente en un mundo que muchas veces parece fragmentado por diferencias políticas, culturales o económicas.
“La Iglesia debe ser casa abierta, hospital de campaña y puente entre corazones heridos”, afirmó, reforzando su visión pastoral centrada en la cercanía y el acompañamiento.
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