Algunos momentos recientes de la historia del Perú se entrelazan con la trayectoria militar y ahora política de José Williams. Desde la Operación Chavín de Huántar hasta su liderazgo en el Congreso durante la vacancia de Pedro Castillo, el general en retiro ahora candidato a la Presidencia por el partido Avanza País, se revela como un personaje, por decir lo menos, con alta capacidad de adaptación. De hecho, asumió la candidatura a última hora, tras la sorpresiva salida de Phillip Butters, y subraya que su campaña se cimenta en la honestidad y en la propuesta de proyectos de Estado viables. Se distancia así de la “mentira política” —tan común en estos tiempos— y se describe como alguien que, aunque serio y firme cuando la situación lo demanda, sabe conectar y comunicarse incluso con los jóvenes, a quienes convoca a ejercer una participación temprana. Su filosofía: la firmeza en las decisiones y rodearse de personas eficientes, siempre, según declara, guiado por la dignidad y el honor, que son los pilares de su vocación de servicio al Perú. Su conexión con Puno, tierra natal de su madre, le otorga una sensibilidad especial hacia las regiones abandonadas del país.
¿Cómo ve la campaña con su tardía candidatura tras la salida de Philip Butters?
La campaña es y será intensa, tal vez un poco más para nosotros porque iniciamos en la primera quincena de enero, pero tampoco fue una sorpresa del todo. La posibilidad siempre estuvo latente, así que solo había que asumir el compromiso con el partido y conmigo mismo. Vamos bien, estamos avanzando y creciendo.
¿Considera que su paso por el Congreso y su rol en la vacancia de Castillo lo prepararon para eventualmente asumir la Presidencia?
Fue una experiencia valiosa y un reto. Provengo de la Fuerza Armada, y aunque nuestra relación con la política no es directa, estamos siempre enterados. Fui portavoz, presidente de la Comisión de Defensa, y luego presidente del Congreso. He aprendido bastante y valoro esa experiencia.
¿Qué ventajas aporta su origen militar a su visión como candidato presidencial?
Es muy importante. Los militares tenemos contacto con la población en todo el Perú, conociendo sus necesidades. Al ascender, como jefe del Comando Conjunto, se obtiene una visión de Estado, de la nación, con planeamientos estratégicos nacionales, militares y políticos. Todo eso facilita comprender y ejecutar tareas de Estado. Aunque no estamos acostumbrados a la dinámica de acuerdos políticos, la perspectiva de Estado es clave.
¿Qué estrategia propone para su gobierno?
Propongo un proyecto de gobierno bien hecho, con objetivos claros para las necesidades regionales. Rechazo la mentira política; solo propongo lo viable y consistente, con financiamiento y aliados definidos. Por ejemplo, construir un ferrocarril de Ica a La Libertad para potenciar la agroexportación, o un Puerto Grau en Tacna, con una zona franca, para competir con Arica. Son proyectos que cambian las cosas.
¿Cómo abordaría el tema de las economías ilegales, como la minería ilegal y el narcotráfico?
Hacen mucho daño al Perú. La minería ilegal (12 mil millones de dólares) y el tráfico ilícito de drogas (2.5 mil millones) contaminan a la población y se vuelven poco a poco en una forma de vida. Propongo formalizar a los 30,000 mineros —con ciertos requisitos—, creando por ejemplo un “código minero único”. Mientras que las operaciones ilegales en cuerpos de agua o cabeceras de río deben ser erradicadas por la ley. Ese dinero ilícito, que incluso financia campañas, debe cortarse, mientras se ayuda a quienes buscan formalizarse.
Su madre era de Puno, ¿eso le da aún más contraste con la opción anterior de su partido (Butters)?
Puno es muy especial. Mi madre nació allí y era una mujer muy fuerte y aventurera, cabalgaba junto a mi padre y de hecho estudió ganadería a los 80 años. Le guardo un afecto particular y sé que es una región abandonada por el Estado. Es una tierra difícil por las heladas y lluvias, pero me propongo ayudar con proyectos como cobertizos, tecnología y servicios básicos. Los puneños saben escuchar y yo les pido tolerancia.
¿Cómo se da a conocer, especialmente ante los jóvenes, que muchos no conocen su trayectoria?
Mostramos nuestro plan de gobierno que ha sido calificado entre los mejores y aunque muchos jóvenes no conocen mi participación en Chavín de Huántar, Cenepa o la vacancia de Castillo, buscamos hacernos conocidos, mostrar mis antecedentes y lo que se puede hacer. Es más fácil trabajar con jóvenes; toda mi vida he trabajado con ellos.
¿Qué opina de Rafael López Aliaga y Keiko Fujimori?
Rafael es amigo mío, pero algunas de sus propuestas, como penales en la selva, no son realizables; la conozco y sé que no funcionarían. Es importante pensar bien lo que se dice. De Keiko, creo que su gestión con la mayoría congresal frente al gobierno de PPK echó a perder una muy buena oportunidad. Su temperamento, junto a errores de su entorno, alimentó un antifujimorismo pronunciado que le seguirá jugando en contra.
¿Cómo enfrentará los debates y los ataques en esta última recta de la campaña?
Los debates son un punto importante para que la población defina. Es bueno que se interesen por los planes y el CV del candidato. Habrá ataques, y hay que responder con la verdad, señalando donde otros están errados. Mi filosofía de liderazgo se basa en la firmeza: no puede temblar la mano cuando de por medio está la población, la dignidad, el honor. Hay que siempre rodearse de personas eficientes, leales y honorables.
