Mis deseos para el 2026

El 2026 será un año decisivo para el Perú. Elegiremos presidente y a un Congreso bicameral en el segundo trimestre y, meses después, escogeremos gobernadores regionales y autoridades municipales. Demasiadas decisiones para un país harto, escéptico y golpeado por la mediocridad política. Precisamente por eso, planteo mis deseos en función del año electoral que se nos viene.

Mi primer deseo es que elijamos un presidente con ideas a la derecha del centro, dispuesto a hacer respetar la Constitución de 1993, y en particular su capítulo económico, tantas veces cuestionado por quienes ven al Estado como un cajero o una piñata, y no como un gestor eficiente. No se trata de dogmatismo ideológico, sino de entender que la estabilidad macroeconómica, la disciplina fiscal y el respeto a la economía social de mercado no son caprichos neoliberales, sino condiciones básicas para crecer y reducir pobreza.

Mi segundo deseo es que votemos por gente decente en el Congreso. No pido genios ni iluminados, solo personas probas con trayectorias limpias, sin denuncias graves ni antecedentes que luego disfracen de “persecución política”. En el caso de congresistas que busquen la reelección, mi deseo es aún más concreto. Que los electores no elijan a aquellos que se aprovecharon del cargo para beneficio personal, para contratar a familiares o allegados, para contratar asesores sin competencias, para utilizar a sus trabajadores congresales para funciones domésticas, o que blindaron a sus malos colegas, entre otras malas prácticas.  

Mi tercer deseo es un Ejecutivo que ejerza su rol institucional y use las herramientas que la Constitución le otorga, y acuda al Tribunal Constitucional cuando el Congreso apruebe leyes que crean gasto público sin estar facultado para hacerlo. No hacerlo no es prudencia política: es abdicar de la defensa del orden fiscal y del equilibrio de poderes.

Mi cuarto deseo es acabar con el populismo previsional, cerrándose definitivamente la puerta a futuros retiros de los fondos de las AFP. Cada retiro se presentó como alivio inmediato y terminó debilitando las pensiones futuras, elevando riesgos fiscales y erosionando aún más la confianza en el sistema previsional.

Mi quinto deseo es que 2026 marque un quiebre en las elecciones subnacionales: que no volvamos a dejarnos engatusar por candidatos improvisados sin planes, equipos sólidos o capacidad de gestión.

Mi sexto deseo es menos palabrería y mejor Estado. El Perú no necesita salvadores ni enemigos imaginarios. Necesita reglas que se cumplan, cuentas que cuadren y autoridades que entiendan que gobernar es administrar bien. Es evidente que en 2021 elegimos muy mal, basta ver el mal desempeño del Ejecutivo en estos últimos años y la baja popularidad que tiene nuestro Congreso. El 2026 no será recordado por lo que nos prometieron los políticos en campaña, sino por el desempeño de los que elijamos y lo que nos terminen dejando.

¿Estoy siendo iluso? Tal vez, pero el que pide al cielo y pide poco es un loco. ¡Feliz Año Nuevo!

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