La humanidad apunta a la Luna y Marte: ¿está preparada para actuar éticamente si encuentra nuevas posibilidades de vida?

Estamos en lo que parece ser una nueva era dorada para la exploración espacial con superpotencias como Estados Unidos y China compitiendo por colonizar la Luna – y posteriormente Marte – mientras que empresas aeroespaciales como SpaceX rompen récords de la bolsa de valores.

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Sin embargo, para un grupo selecto de científicos la carrera espacial no es solo un desafío únicamente tecnológico, sino profundamente ético, y nuestros subsiguientes actos en el espacio, así como nuestros actos al posiblemente encontrar vida extraterrestre, revelarán el espíritu que adoptará la humanidad en generaciones posteriores.

Uno de los científicos que discuten sobre nuestro futuro moral es el Dr. Octavio Chon Torres, profesor de la Universidad de Lima y presidente de la Asociación Peruana de Astrobiología, disciplina que estudia el origen, evolución y futuro de la vida en el universo.

Es también un experto en la astrobioética, una disciplina que estudia la responsabilidad moral que tendría la humanidad hacia las formas de vida que posiblemente encontraría en el universo, rol por el cual se convirtió en un importante contributor en el que giró en torno a los desafíos éticos de la exploración y utilización del espacio exterior. El Comercio conversó con él sobre estos temas.

-Apenas estamos por regresar a la Luna, ¿Por qué es importante hablar de ética espacial ahora?

Desde la astrobioética, que es el campo donde trabajo, analizamos las implicancias éticas y morales de la investigación astrobiológica y de nuestra presencia en el universo. La astrobiología estudia científicamente la posibilidad de vida fuera de la Tierra y nuestra relación con esos otros entornos.

A medida que nos expandimos hacia otros cuerpos celestes, existe la posibilidad de afectar lugares de interés astrobiológico. No necesariamente hablamos de sitios donde sabemos que hay vida, porque hasta el momento no existe evidencia de vida extraterrestre, pero sí existen lugares, como Marte, donde podría haber existido vida en el pasado o donde hay indicios interesantes que todavía necesitan ser investigados.

(I/D) El comandante astronauta de la NASA, Randy Bresnik, el piloto astronauta de la ESA (Agencia Espacial Europea), Luca Parmitano, el especialista de misión astronauta de la NASA, Frank Rubio, y el especialista de misión astronauta de la NASA, Andre Douglas, posan juntos en el escenario durante una conferencia de prensa en el Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston, Texas, el 9 de junio de 2026, donde se anunció la tripulación de la misión Artemis III. (Foto de RONALDO SCHEMIDT / AFP)

/ RONALDO SCHEMIDT

El problema es que, si comenzamos a explotar recursos o a establecer asentamientos humanos sin las precauciones necesarias, podríamos alterar esos lugares antes de comprender su verdadero valor científico. Incluso una misión robótica podría representar un riesgo, como – animales microscópicos altamente resistentes -, pudiendo contaminar un entorno extraterrestre.

Entonces la importancia de proteger estos lugares radica en que la astrobiología busca responder una de las preguntas más antiguas de la humanidad, si estamos solos o no en el universo. Si no incorporamos buenas prácticas de exploración relacionadas con el principio de precaución, podríamos arruinar nuestra única oportunidad de responder esa pregunta.

-En el informe de COMEST usted habló de la necesidad de adoptar una ética multiespecie, cuestionando la visión antropocéntrica actual. ¿Qué significa eso?

La astrobioética forma parte de una transición hacia una visión que hemos denominado astrobiocentrismo. Para entenderlo, podemos pensar en los grandes cambios de perspectiva que ha tenido la humanidad, donde en algún momento creíamos que la Tierra era el centro del universo y luego pasamos del geocentrismo al heliocentrismo.

Algo similar ocurre ahora con nuestra comprensión de la vida. Actualmente conocemos la vida desde una perspectiva basada en la Tierra, en la química que conocemos y en los organismos que existen aquí. Eso es una visión biogeocéntrica. El astrobiocentrismo propone ir más allá de eso y considerar que podrían existir otras formas de vida en el universo, incluso formas que no necesariamente se basen en los mismos elementos que caracterizan la vida terrestre.

Aunque todavía no tengamos evidencia de vida extraterrestre, las humanidades y las ciencias sociales pueden adelantarse a esa posibilidad y empezar a desarrollar argumentos éticos para proteger esos potenciales entornos biológicos. Es una forma de pensar en los intereses de otras posibles formas de vida y de reconocer que no necesariamente estamos solos en el universo y velamos también por el cuidado de la posibilidad de vida en otros mundos.

De aquí nace un concepto llamado ‘teleempatía’ se refiere a la idea de velar por los intereses de otras formas de vida que no pueden cuidar por sí mismas y que es una extensión de nuestra capacidad moral hacia seres que podrían existir fuera de la Tierra o hacia entornos con un gran valor astrobiológico.

También se abre la necesidad de establecer parques planetarios o zonas de protección especial, no solamente por razones históricas, sino también por su posible interés astrobiológico. Antes de intervenir de manera irreversible en un entorno extraterrestre, debemos estar razonablemente seguros de que no estamos destruyendo algo que tiene un valor único para la humanidad.

-¿Estamos preparados para adoptar esa visión?

Estamos dando los primeros pasos y son conceptos que todavía están en construcción, pero es importante discutirlos ahora porque las decisiones que tomemos en las próximas décadas podrían tener consecuencias irreversibles. Además, estos debates no deben limitarse a las potencias espaciales como Estados Unidos y China, sino que el sur global también debe participar activamente.

-Usted también ha señalado que el sur global debe participar en estos debates. ¿Por qué es importante que estas decisiones no queden únicamente en manos de las potencias espaciales?

Porque cuando hablamos de la humanidad en el espacio no deberíamos referirnos únicamente a las potencias o a las grandes corporaciones que tienen la capacidad tecnológica de llegar primero, sino existe el peligro de reproducir en el espacio las mismas desigualdades que vemos en la Tierra.

Lo vemos actualmente incluso dentro de los organismos internacionales, donde hay dificultades para lograr que las decisiones realmente representen los intereses de toda la humanidad.

Un ejemplo de ello es la falta de mecanismos efectivos de responsabilidad en algunos incidentes espaciales. Si ocurre una contaminación de un entorno extraterrestre, ¿quién asume la responsabilidad? ¿Quién decide cuáles son las consecuencias? Es por eso es importante que el Sur Global participe no solo como observador, sino como un actor que contribuya con ideas y tenga influencia real en las decisiones.

-¿Qué puede aportar América Latina a esta discusión?

Una perspectiva distinta. Muchas veces se piensa que mirar al espacio significa olvidarse de los problemas que tenemos en la Tierra, pero sucede exactamente lo contrario, y cuando miramos al espacio nos damos cuenta de que si no corregimos lo que somos actualmente como especie, vamos a llevar esos mismos problemas a otros mundos.

Todavía vivimos como si estuviéramos separados, en conflicto permanente y sin la capacidad de encontrar soluciones pacíficas a nuestros problemas comunes. La reflexión astrobioética nos obliga a preguntarnos qué clase de humanidad queremos ser antes de convertirnos realmente en una especie interplanetaria.

Desde América Latina no solamente podemos aportar una visión vinculada a nuestra relación con la naturaleza, sino también una experiencia histórica sobre las consecuencias del colonialismo, la desigualdad y la imposición de intereses de unos grupos sobre otros.

-Recientemente se celebró en Lima un taller de los Acuerdos de Artemis, que buscan establecer un código de conducta para la exploración espacial. ¿Son estos suficientes para establecer una base sólida para el comportamiento que tendremos en el espacio?

Todavía no. Los Acuerdos Artemis se centran principalmente en la cooperación tecnológica, la participación de países y la expansión de la presencia humana hacia la Luna y más allá. Sin embargo, el debate específicamente astrobiológico y astrobioético todavía ocupa un lugar secundario. Muchas veces se habla de sostenibilidad o de protección planetaria, pero es necesario mencionar explícitamente el interés astrobiológico.

El IV Taller de los Acuerdos Artemis 2026 se celebró en el Perú el 13 y 14 de mayo.

El IV Taller de los Acuerdos Artemis 2026 se celebró en el Perú el 13 y 14 de mayo.

/ CONIDA

También necesitamos una mayor presencia de América Latina y del sur global en estas discusiones. No basta con ser invitados a los espacios internacionales; debemos ser actores que contribuyan con ideas que puedan traducirse en acciones concretas.

-En un mundo tan polarizado y multilateral, ¿quién debería decidir qué actividades son aceptables en otros cuerpos celestes?

Ese es uno de los grandes desafíos y lo que ocurre actualmente en la Tierra probablemente se replique en el espacio, donde quienes tengan más poder tecnológico, económico o militar intentarán imponer sus intereses. Entonces debemos preguntarnos cómo garantizamos una participación importante de aquellos que no tienen los mismos recursos.

Además, si una nación o una empresa destruye un sitio de interés astrobiológico, ¿qué tipo de sanciones reales podrían aplicarse? ¿Quién tendría la autoridad para supervisar y hacer cumplir esas decisiones?

Estas son preguntas que todavía no tienen respuestas claras y que debemos resolver antes de que la presencia humana fuera de la Tierra sea una realidad permanente.

-SpaceX acaba de tener la salida en la bolsa más valiosa de todos los tiempos, mostrando la creciente importancia del sector privado en algo que era previamente solo estatal. ¿Qué cambia cuando las empresas privadas lideran la exploración espacial?

Nos obliga a pensar en nuevos mecanismos de regulación. Actualmente, una empresa con la capacidad tecnológica podría llegar a Marte y realizar actividades en cualquier lugar, incluso en zonas que podrían contener evidencia de vida pasada o presente.

En este momento no existe una sanción efectiva si alguien pone en riesgo un entorno de valor astrobiológico. Por eso la pregunta es: ¿quién está velando realmente por los intereses astrobiológicos de la humanidad? La respuesta es que nadie.

El director ejecutivo de SpaceX, Elon Musk, quien apareció en una pantalla de forma remota desde la sede de SpaceX en Starbase, Texas, habla antes del lanzamiento de la oferta pública inicial (OPI) de SpaceX en el Nasdaq MarketSite de Nueva York el 12 de junio de 2026. (Foto de TIMOTHY A. CLARY / AFP)

El director ejecutivo de SpaceX, Elon Musk, quien apareció en una pantalla de forma remota desde la sede de SpaceX en Starbase, Texas, habla antes del lanzamiento de la oferta pública inicial (OPI) de SpaceX en el Nasdaq MarketSite de Nueva York el 12 de junio de 2026. (Foto de TIMOTHY A. CLARY / AFP)

/ TIMOTHY A. CLARY

Estamos todavía bajo una lógica de “quien llega primero gana”, y no debería ser así. La discusión debe pasar de preguntarnos quién llega primero a preguntarnos cómo llega, con qué principios y con qué nivel de cuidado y responsabilidad. Es un vacío normativo importante, que organizaciones como el , que actualmente presido, están intentando llenar.

-¿Por qué es importante preservar posibles formas de vida extraterrestre incluso si eso limita la colonización o explotación de recursos?

Porque estamos hablando de la humanidad en el espacio, no de los intereses particulares de una nación o de una empresa. Las decisiones deben tomarse mediante un diálogo honesto, con transparencia y consenso. El problema aparece cuando algunos actores afirman representar el bien común, pero en realidad persiguen intereses propios.

Si realmente queremos hablar de una humanidad que se expande al espacio, todos los actores deben participar en la toma de decisiones. De lo contrario, seguiremos hablando de los intereses de ciertas potencias o empresas en el espacio y no de la humanidad en su conjunto.

-Usted participó en un informe sobre ética espacial elaborado con la UNESCO. ¿Cuáles considera que son sus principales aportes?

El informe identifica las grandes necesidades que tendremos en esta nueva etapa de exploración espacial. Entre ellas están la necesidad de fortalecer la gobernanza espacial, evitar la militarización del espacio y desarrollar nuevos marcos éticos y legales para los futuros asentamientos humanos.

Una de las conclusiones más importantes es la necesidad de construir una hoja de ruta para la exploración espacial. Esa hoja de ruta debe ser multidisciplinaria, involucrar a científicos, ingenieros, juristas, responsables políticos, industria y sociedad civil, y convertir esos principios éticos en herramientas aplicables.

¿En qué estado se encuentra actualmente la astrobioética y cuáles son los próximos pasos?

Estamos en una etapa inicial, donde el informe de la UNESCO es una puerta de entrada que permite identificar problemas y necesidades, así como abrir el debate, pero todavía falta transformar esas reflexiones en acciones concretas.

Desde el Grupo Internacional de Trabajo en Astrobioética estamos impulsando la elaboración de un manifiesto que pueda llegar a líderes políticos, organismos internacionales y grandes empresas. El objetivo es que la astrobioética no se quede solamente en palabras. El tiempo nos gana y tarde o temprano la humanidad estará nuevamente en la Luna, en Marte y en otros lugares del sistema solar.

Por eso debemos estar preparados conceptualmente desde ahora y establecer principios, mecanismos de protección y formas de gobernanza antes de enfrentarnos a escenarios que podrían ser irreversibles.

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