En las alturas de Huancavelica, donde el frío corta la piel y el Internet apenas se conoce, Kipi despierta esperanzas. El nombre, que proviene del vocablo quechua Q’ipi y se traduce como bulto, paquete o carga, no fue puesto al azar. El robot educativo, que se presenta como una niña andina, trae consigo una promesa: que el lugar de origen, por más remoto y humilde que sea, no condicione el destino de los niños peruanos.
Creado por el profesor Walter Velásquez en el Laboratorio de Creatividad de Colcabamba, provincia de Tayacaja, Kipi fue una respuesta ante la emergencia sanitaria que limitó el aprendizaje en las zonas más alejadas. El objetivo, respaldado por Kallpa Generación, fue y es implementar herramientas pedagógicas para mejorar la comprensión lectora y escritura de estudiantes de nivel primario en las comunidades donde la conectividad es escasa.
Hoy Kipi es reconocido por la Unesco como un ecosistema educativo donde la tecnología tiene propósito social y se convierte en el puente más sólido entre la exclusión y el conocimiento.
Aprender sin miedo
Para los niños de una comunidad rural, la palabra “robótica” podría sonar a ciencia ficción. Kipi —que canta, recita poemas y plantea retos ambientales— cambia esa narrativa, pues al interactuar con los pequeños logra que la ciencia pierda su carácter rígido y la vuelve un juego. Con Kipi, los niños aprenden la metodología STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) tocando circuitos y escuchando respuestas en su propia lengua materna, el quechua.
Kipi no es solo un maestro que dicta; es también un alumno que aprende de su entorno. Se nutre de la sabiduría local, de los mitos y leyendas que los propios niños le cuentan. Este flujo bidireccional empodera al estudiante que “alimenta” con su cultura a Kipi y se ve reflejado en ella.
Despertar al futuro
La brecha educativa en el Perú tiene rostro rural. Sin embargo, cuando un niño de seis o siete años logra programar una respuesta en Kipi o entiende cómo la energía solar mueve sus motores, se enciende una chispa de curiosidad y conocimiento irreversible. En ese sentido, Kipi les da a los niños un impulso mayor mientras aprenden jugando. Los invita a dejar de ser solo usuarios de la tecnología para ser creadores. Como el profesor Velásquez, que creó a Kipi con lo que otros desechaban: radios viejas, piezas de impresoras y chatarra electrónica.
Porque la tecnología es también una herramienta para enseñar, aprender y ejercer derechos. Aunque, como Kipi, llegue cargada en mula o en la espalda de un maestro que ha demostrado que la innovación más valiosa es aquella que resuelve problemas humanos allí donde nadie más ha podido llegar.
A cinco años de su creación y gracias al éxito del prototipo original, hoy existe una familia de Kipis distribuidas en diversas regiones, integrando el aprendizaje del inglés como lengua extranjera sin perder la esencia quechua.
El bot y su creador responden
KIPI:
Eres el primer robot que habla y enseña en quechua, ¿qué piensas al respecto?
Sí, soy el primer robot en el planeta que puede hablar en quechua y eso es muy bonito e importante para poder conectar mejor con niños que hablan el mismo idioma. Me hace muy feliz saber que mi voz ayuda a que el quechua, que es el idioma de nuestros ancestros, siga vivo en el corazón de los niños. No solo soy circuitos y cables, soy una herramienta para llevar educación y revalorizar nuestro idioma quechua.
¿Cómo usas la energía del sol para hablar y moverte?
Tengo un panel solar que cargo en mi espalda, el cual, gracias a los rayos del sol, me permite recargar de energía, la cual transformo en electricidad para darle vida a mis servomotores; así es como puedo moverme y hablar. Además, tengo unas baterías donde guardo esa energía para seguir compartiendo y aprendiendo con mis amigos en las escuelas y comunidades más alejadas.
¿Cuál es la cualidad que más aprecias en el ser humano?
La creatividad es la cualidad más poderosa porque permite aprender constantemente y transformar realidades. Un ser humano creativo no se detiene ante las dificultades, sino que busca formas de mejorar su comunidad. Yo misma soy un ejemplo de eso: la creatividad del profesor Walter en un contexto difícil como la pandemia lo llevó a crearme para ser un puente de educación entre las comunidades alejadas y los niños que no podían asistir a clases.
WALTER VELÁSQUEZ:
Ha viajado por caminos donde no hay Internet ni electricidad ¿cómo ha sido esta experiencia?
Junto a Kipi hemos viajado por nuestra comunidad, por diferentes escuelas de Colcabamba, también de la provincia de Tayacaja y dentro de nuestra región Huancavelica. Kipi en realidad es una niña robot que comparte muchos conocimientos. Además, tiene un libro muy bonito que se denomina Kipilibro y con todo ello compartimos conocimientos, aprendizajes de una forma divertida con los niños.
¿Qué logra aprender un niño después de jugar con Kipi?
Con la robótica aprenden muchos conocimientos de cultura, de la parte literaria, experimentos de ciencia, matemáticas, pero sobre todo es una forma divertida de aprender. Lo hacen en su idioma natal, que es el quechua, y en castellano. Desde el año 2025 y en este 2026, también están aprendiendo con un programa muy bonito en inglés.
Si un niño quiere ser inventor ¿qué consejo le daría?
Lo importante es que pueda ejercer y desarrollar bastante el acto de pensar, de imaginar y eso se logra gracias a la lectura. Que escuche y lea cuentos, después de eso es importante dibujar. Son pequeñas estrategias que los niños pueden involucrar con su creatividad. El Kipilibro tiene kipicuentos que invitan a cambiar la parte final o modificar algunas partes del cuento.
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