El Perú en vilo | editorial Perú21

Como bien reseñó Perú21, ayer se consumó un nuevo capítulo en la convulsionada historia política del Perú en la última década. El Congreso le devolvió el poder a la izquierda que llevó al poder y gobernó con el golpista Pedro Castillo, hoy purgando cárcel en el penal de Barbadillo.

Resulta inaudito que los políticos de las bancadas que gobiernan el Perú tras las bambalinas desde hace tres años no hayan podido ponerse de acuerdo para elegir una mejor opción para el país. Porque, en el toma y daca entre los mismos intereses que han guiado a este sinuoso contingente de legisladores durante su ejercicio, salió triunfante la peor opción imaginable.

José María Balcázar, congresista defensor del matrimonio infantil y de una serie de barbaridades promovidas desde la plaza Bolívar, fue ungido como nuevo presidente de la república para los cinco meses que quedan de aquí a julio. Y aunque se ha apresurado en aclarar que su administración priorizará “la pacificación, el consenso y la estabilidad institucional”, el propio prófugo y jefe de su partido, Vladimir Cerrón, ya le comenzó a marcar la agenda desde las redes sociales.

Llama la atención, para empezar, que el flamante presidente no haya puesto con toda claridad, aunque sea formalmente, la lucha contra el crimen (¿“pacificación”?) y la corrupción entre esas prioridades. Tema que, en cambio, figura en lo más alto de la lista de preocupaciones de la población y, en particular, de emprendedores, comerciantes y pequeños, medianos y grandes empresarios: las economías ilegales estarán, pues, de beneplácito.

Como era previsible, las organizaciones políticas que se encuentran en las antípodas de la izquierda radical en el Congreso no hacen más que echarse la culpa del despropósito que acaban de cometer, poniendo en riesgo la institucionalidad del país, que tanto costó recuperar. Cero autocrítica y respeto por el Perú.

Las fuerzas democráticas, la prensa independiente, las instituciones de la sociedad civil tendrán que permanecer alertas ante cualquier desvío en la ruta hacia las elecciones presidenciales y, por supuesto, ante cualquier intento de torcer la marcha de nuestra economía.

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