El aula no es suficiente por Jorge Yzusqui

Nuestro país enfrenta problemas históricos de desconfianza, individualismo y baja cohesión social, y muchos alumnos viven desconectados de los problemas sociales. Contamos con un currículo rígido y una formación cívica débil lo que hace necesario que los colegios desarrollen espacios donde los estudiantes aprendan valores que no se fomentan en el aula tradicional.

La evidencia internacional muestra que los jóvenes que participan regularmente en servicio comunitario presentan un mayor compromiso cívico y respeto por las reglas e instituciones en la adultez. Un programa de voluntariado bien diseñado, vinculado a necesidades reales, fortalece habilidades como la empatía, la responsabilidad, la colaboración y el liderazgo; además, permite comprender las desigualdades, valorar el esfuerzo colectivo y desarrollar sensibilidad social. Esto forma mejores ciudadanos y potencia la motivación, el propósito personal y el desarrollo de proyectos de vida. Competencias que la escuela peruana, con un currículo centrado en el cumplimiento de listas prescriptivas, casi no fomenta.

Podría decirse que, con escuelas precarias y docentes sobrecargados, el voluntariado es inviable o distrae de lo académico, pero es una falsa dicotomía. Experiencias de servicio simples, locales y bien orientadas pueden tener un alto impacto educativo sin grandes costos. El problema no es el voluntariado, sino la falta de una visión que articule la formación académica con la ciudadanía.

El voluntariado escolar no es un complemento, sino una oportunidad pedagógica relevante. Incorporarlo no debilita la formación académica, la hace más completa, pertinente y coherente con los desafíos del país. 

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