Vivimos en tiempos de desinformación, que se acentúa a semanas de la primera vuelta electoral. La economía nos enseña que cualquier afirmación debemos contrastarla con la evidencia empírica, pues de lo contrario es solo una opinión, y en el campo de las opiniones todas son válidas, pero son solo eso, opiniones.
En estos tiempos, las redes determinan qué es cierto y qué no. Les creemos. Pero en economía no se cree, sino que, como es una ciencia, cada afirmación hay que analizarla cruzando con la data para ver si es cierta. Esa tendencia ha crecido en los últimos tiempos, no solo en Perú. Se llaman narrativas que poco a poco van convirtiéndose en verdad, aunque no lo sean. Es la era de la desinformación. Todo se reduce a repetir determinadas ideas y pronto se convierten en tendencia, y todos creen. La verdad ya no importa.
En 2013, Robert Shiller obtuvo el Premio Nobel de Economía. Shiller sostiene que mucho de lo que pasa con la economía real depende de las narrativas, entendidas como relatos que se usan para dar una explicación de un acontecimiento o una respuesta a la pregunta de por qué estamos así. Agrega que las narrativas económicas demuestran cómo las historias, populares o académicas, afectan los resultados económicos, incluidas las recesiones, a través de las expectativas. Lo que te dicen y crees determina lo que esperas que ocurra en la vida real. Si todos te dicen que todo está mal, entonces no esperas nada bueno.
¿De dónde vienen las narrativas y quiénes las propagan? ¿Quiénes nos cuentan las historias de por qué pasa lo que pasa? ¿Por qué las creemos? Ojo que no todas las ideas tienen que ser falsas. Es real que la inseguridad está frenando la economía, pero el punto de una narrativa no es ese, sino la explicación o los factores causales que explican lo que está pasando.
Ahora que comienza a calentar la campaña electoral escucharemos muchas narrativas, sin importar si son verdaderas o falsas; queda en nosotros evaluarlas. Usando los datos, ¿cómo está la economía hoy? ¿Estamos tan mal como señala la narrativa? Primero, en 2025, aun faltando la información de diciembre, la economía peruana creció alrededor de 3.4%, ubicando a la economía peruana como las de mayor crecimiento de la región. ¿Es suficiente para bajar pobreza y crear empleo? No. Si vemos otra vez los datos, el periodo de mayor reducción de pobreza, de 58% a 20% (2004-2013), coincidió con un crecimiento de China de 12% anual en promedio. Luego, cuando el gigante asiático redujo su crecimiento a 6%, entre 2014 y 2019, la pobreza en el Perú dejó de caer. Por lo tanto, crecer alrededor de 3% no alcanza. Segundo, Perú tiene estabilidad monetaria: inflación de 1.5% en 2025, dentro del rango meta del BCR. Tercero, alto nivel de reservas que, dicho sea de paso, no son ahorro de todos los peruanos ni tampoco se pueden usar en lo que el candidato a la presidencia quiera. Cuarto, la menor deuda pública de la región.
Sin embargo, aquellos son el equivalente a los cimientos de una casa; lo que falta es construir la casa, es decir, conectar la estabilidad macroeconómica con el bienestar microeconómico. Transformar la gestión de la educación, salud, infraestructura e inseguridad ciudadana son, como mínimo, los sectores en los que se debe trabajar. ¿Qué piensan hacer los candidatos con ellos? Por favor, sugieran tres medidas concretas. Necesitamos una batalla de ideas, no de insultos ni descalificaciones. Ojalá, aunque parezca una utopía, nuestro voto vaya por las ideas.
