Imágenes exclusivas de Perú21 captaron el momento en que funcionarios de la sede diplomática cubana trasladaban sus pertenencias a un contenedor marítimo del inmueble, ubicado en El Olivar.
La residencia de la embajada de Cuba en Perú, ubicada en el Pasaje El Aromito, en el distrito de San Isidro, ha sido el centro operativo de la inteligencia cubana en nuestro país desde 1972.
Cámaras de Perú21 captaron en exclusiva a los propios diplomáticos cubanos cargando objetos y mobiliario en un contenedor de la empresa naviera «Hapag Lloyd».
Fuentes de Torre Tagle confirmaron a este medio que la residencia es propiedad del Estado peruano y que fue cedida a Cuba mediante un contrato de arrendamiento. Sin embargo, dicho acuerdo establecía un pago módico por un periodo determinado que venció precisamente en 2025. Debido a esto, tanto la casa del pasaje El Aromito como las oficinas de la embajada en la calle coronel Portillo, en San Isidro, entrarían próximamente en un proceso de venta o subasta pública.
Esta mudanza se produce tras la salida definitiva del entonces embajador Carlos «Gallo» Zamora, a finales de octubre de 2025, la cual fue anunciada oficialmente por el gobierno peruano. Días antes de su partida, oficiales de la Marina de Guerra del Perú presentaron denuncias por injerencia política y espionaje contra el diplomático, señalándolo como un riesgo directo para la seguridad nacional.
Un búnker de inteligencia en el corazón de Lima
La residencia de Cuba en el país no es un inmueble cualquiera. Desde que se restablecieron las relaciones diplomáticas en julio de 1972, durante el gobierno de Juan Velasco Alvarado, esta casa se convirtió en el eje del movimiento político de izquierda en el Perú.
Sin embargo, su relevancia va más allá de lo político. Según testimonios y datos del sector, la residencia era el centro de reuniones y operaciones del G2, Inteligencia Cubana
Se conoce por testimonios que la residencia tiene en el sótano una habitación blindada de acero, diseñada específicamente para evitar la interceptación de conversaciones y garantizar el secreto de sus reuniones.
Además, la casa poseería los archivos más sensibles, donde habría documentación que albergaría: historiales de la izquierda peruana, registros del G2 y posibles interceptaciones telefónicas acumuladas durante décadas.
El fin de una era operativa
Al ser consultados, los diplomáticos evitaron dar detalles sobre si se trata de una mudanza definitiva o un abandono total del país, pese a que el uso del contenedor sugiere el retiro de activos importantes.
Atrás quedarán las grandes reuniones y cócteles de la izquierda peruana en la emblemática residencia de San Isidro.
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