Déficit de 2025 fue un espejismo

Por Ronin-Perú21

A finales de enero, se registró una fuerte corrección en las cotizaciones internacionales de los principales metales, como el oro, la plata y el cobre. Este evento debe servir como un recordatorio de la vulnerabilidad estructural que aún define a la economía peruana frente a choques externos sobre los cuales no ejerce control alguno.

De acuerdo con diversas estimaciones, los factores externos tales como la demanda mundial, los precios de exportación o las condiciones financieras internacionales explican más de la mitad de los movimientos de las principales variables macroeconómicas peruanas, como PBI, inflación, tasas de interés e ingresos fiscales.

En particular, los ingresos corrientes del gobierno general y los precios de exportación muestran una correlación positiva (ver gráfico 1).

Esta fuerte sensibilidad fiscal destapa la fragilidad subyacente en un modelo de crecimiento que depende en gran medida de los ingresos generados por recursos naturales no renovables, cuyos valores escapan por completo al control de las autoridades locales y obedecen a dinámicas globales de demanda y oferta, muchas veces volátiles, impredecibles y sujetas a factores geopolíticos complejos.

Actualmente, la economía peruana enfrenta un entorno externo altamente favorable, principalmente por los elevados precios de los minerales, que han hecho que nuestros términos de intercambio se ubiquen en niveles históricamente altos.

El consenso del mercado es que, a corto y mediano plazo, este nivel favorable de precios se mantendría. Sin embargo, la historia económica reciente del país enseña una lección invaluable: los ciclos de auge de precios son invariablemente seguidos por fases de corrección, a veces bruscas y prolongadas, que ponen a prueba la resiliencia de las políticas públicas.

Colchón artificial

En este contexto de bonanza aparente pero frágil, es crucial analizar el desempeño fiscal reciente con una mirada más crítica. Si bien el déficit fiscal del último año logró alcanzar la meta establecida de 2.2% del PBI, es importante reconocer que este resultado se concretó en un contexto altamente favorable.

No solo se benefició de los excepcionales términos de intercambio antes mencionados, sino que también recibió ingresos extraordinarios de grandes operaciones tributarias puntuales. Estos ingresos de naturaleza no recurrente actuaron como un colchón artificial que mejoró de manera temporal el resultado fiscal, enmascarando una tendencia subyacente menos sólida.

Un análisis más riguroso debería fijar más la mirada en el déficit fiscal estructural, el cual excluye los componentes cíclicos y atípicos que afectaron a los ingresos el año pasado. Este indicador muestra una realidad más preocupante: sin dichos elementos extraordinarios, el déficit fiscal se hubiera ubicado en 3.2% del PBI (ver gráfico 2).

Además, se espera que este año dicho indicador más estructural se ubique solo ligeramente por debajo del 3% del PBI. Estas cifras revelan con crudeza la verdadera presión estructural sobre las cuentas públicas una vez eliminado el efecto distorsionador de los ingresos temporales y los vientos de cola coyunturales.

Este panorama plantea un desafío de política. La economía peruana no puede, en ninguna circunstancia, permitirse la complacencia o la inercia administrativa.

La volatilidad reciente en los precios de los minerales es una señal de alerta temprana que exige acelerar de manera decisiva las reformas necesarias para construir una base fiscal más sólida, amplia y diversificada, menos sujeta a los vaivenes erráticos de los mercados globales de materias primas. 

Urge ampliar la base tributaria

Isaac Foinquinos, economista jefe de Ronin, señaló la necesidad de fortalecer la capacidad recaudatoria del Estado mediante una base imponible más eficiente y progresiva. El especialista advirtió que la dependencia minera es una realidad estructural que no debe justificar la inacción, especialmente ante la volatilidad de los precios internacionales.

Foinquinos planteó modernizar la administración tributaria y mejorar la competitividad en sectores no extractivos para diversificar la economía. Asimismo, propuso usar el Fondo de Estabilización Fiscal para ahorrar en tiempos de bonanza y priorizar el gasto en infraestructura y educación. El objetivo es actuar antes de que el ciclo externo gire y reduzca las opciones de política fiscal frente a la presión social.

 

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