Por Rocco Zetola, CEO de Negocios Agroindustriales de Grupo Romero
De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, más del 70% de la deforestación en la Amazonía está asociada al cambio de uso de suelo para actividades productivas de baja productividad y escasa articulación al mercado. Esta cifra pone sobre la mesa un desafío central: ¿cómo impulsamos el desarrollo económico en el territorio sin seguir perdiendo bosque?
En ese debate, la agroindustria moderna tiene un rol que merece ser analizado con mayor rigor y menos prejuicios. En particular, la palma aceitera, desarrollada bajo criterios de sostenibilidad, trazabilidad y cero deforestación, puede convertirse en un aliado estratégico para la conservación y el desarrollo en zonas amazónicas del país.
La experiencia en regiones como San Martín y Ucayali muestra que cuando existe una actividad productiva formal, de largo plazo y conectada a mercados, se generan condiciones distintas en el territorio. La agricultura deja de ser itinerante, se reduce la presión por abrir nuevas áreas y se construyen cadenas productivas más estables, que integran a pequeños productores, generan empleo y promueven el arraigo local.
Uno de los principales aportes de la palma es su alta productividad por hectárea. En un territorio con mucha sensibilidad ambiental y enorme valor ecológico como la Amazonía, producir más en menos espacio se vuelve una ventaja económica y una condición clave para una gestión responsable del suelo. Bien gestionada, la palma permite producir más en áreas ya degradadas y reducir la presión sobre los bosques.
Además, es un cultivo permanente, que exige planificación, asistencia técnica y visión de largo plazo. Esto favorece modelos productivos más ordenados, con mayor inversión en infraestructura, tecnología y capital humano. Cuando la producción se formaliza, también se fortalece la trazabilidad y el cumplimiento de estándares ambientales y sociales, cada vez más demandados por los mercados internacionales.
Otro aspecto relevante es su capacidad para ofrecer alternativas económicas sostenibles en zonas donde históricamente han coexistido actividades lícitas e ilícitas. La consolidación de cadenas agroindustriales formales contribuye a desplazar economías ilegales de manera gradual y sostenible, no desde la imposición, sino desde la generación de oportunidades productivas reales.
El Perú tiene una oportunidad importante para avanzar hacia un modelo de desarrollo amazónico distinto, donde la biodiversidad, el conocimiento local y la creciente demanda global por productos sostenibles se articulen de manera virtuosa. El desafío no es elegir entre bosque o producción, sino apostar por una producción responsable que permita proteger el bosque en el tiempo. En ese camino, la agroindustria formal, y la palma bien gestionada en particular, puede contribuir de manera concreta y medible.
