César Torres Aguirre Siempre hubo humor en la literatura peruana. Palma, Bryce

Publicó “Obras completas de A”, cuyo título original fue censurado por la editorial. Y hoy habla de censura, historia, humor y terrorismo.

¿Por qué elegir el humor para una novela que gira alrededor del terrorismo?

Ya hay mucha gente que lo ha hecho seriamente, tanto desde la ficción como desde la no-ficción, así que me dije que quizás se necesitaba un poco de humor para distender la atmósfera pesada. Mi personalidad es así, no me tomo las cosas muy en serio. Es útil en un velorio, no tanto en un matrimonio.

¿Cómo no cruzar la línea entre sátira y banalización?

No es algo que se pueda calcular. Como el gato de Schrödinger, solo una vez que haces la broma sabrás si funcionó o si ofendiste a alguien. La intención no es ofender. Lo bueno es que siempre puedes decir que es culpa de la élite limeña.

¿Falta humor en la literatura?

Siempre hubo humor en la literatura peruana, desde Ricardo Palma, quizás antes, hasta Bryce Echenique, Adolph y, de estos tiempos, por ejemplo, Gianni Biffi. El tema es que nuestros escritores más prestigiosos tiran para la seriedad y, también, hay un prejuicio aristotélico de que la comedia no está a la altura de la tragedia.

Muchos escritores evitan el humor por miedo a no ser tomados en serio.

Sería raro si me quejo de no ser tomado en serio cuando he escrito una novela policial cómica. Si cuando escriba la gran novela peruana, con harto drama, emociones y esas cosas, alguien se ríe, me quejaré; pero, por el momento, estoy contento cuando alguien me dice que se ha reído leyendo la novela. A menos que sea en mi biografía.

Creció en Tacna y, por confesión propia, no vivió nada de los años del terrorismo. ¿Por qué escribir sobre eso?

Traté de buscar la autorización al organismo correspondiente y no me respondieron, así que aproveché el silencio administrativo y me lancé. Asumo la irresponsabilidad. Fue sin querer queriendo.

Ha dicho que “no es una novela sobre el terrorismo”. ¿Por qué construirla alrededor de Abimael Guzmán?

Es como el título. Iba a ser con nombre y apellido, pero la editorial temió la polémica, así que se redujo al nombre. De ahí, hubo más dudas y se achicó aún más. Estuve tentado a llamarla El terrorismo no es un chiste. Por un arranque de alpinchismo, porque ni de nihilismo se trató, dije Obras completas de A, y más nada. Me pareció gracioso que una novela sobre un libro que casi no se puede mencionar tenga el problema de que su título no se puede publicar. Las cosas que se pierden los suizos, ¿no?

La historia de la novela nace de un rumor sobre Abimael Guzmán en La Habana.

Como es una novela satírica que gira en torno al tema del terrorismo, creo que es un inicio de muy buen gusto. ¿Un policía que sigue la desaparición de un político conservador que buscaba en La Habana a Abimael? Si no es elegante, es sport elegante, al menos.

¿El país necesitaba una novela más sobre el terrorismo?

El país no necesita ningún tipo de novela sobre ese o ningún hecho histórico o imaginario. Hay libros sobre el conflicto armado interno, algunos de mucha valía. El valor del arte, cualesquiera su calidad, no está en que sea necesario.

Hay personajes racistas, conservadores y misóginos. ¿Una crítica a Lima?

El limeño común es un estereotipo. Mi novela es policial y cómica, siempre en el límite entre la caricatura y las tres dimensiones, sea lo que sea que eso signifique. Mucho de lo que dicen los personajes lo he escuchado. Es un poco mockumentary.

Su novela no parece encajar en el boom de la novela histórica. ¿Es una crítica al género?

No es una novela histórica, porque requiere mucha investigación y yo casi ni he googleado. Respeto al género lo suficiente como para no tocarlo. Para ser sincero, es una comedia policial. El sello editorial que me cobija —Espejos Invisibles, de Estación La Cultura— publicó dos novelas históricas al mismo tiempo que la mía, lo cual es algo confuso, pero quiero pensar que la mía es una novela histérica que se les escapó.

Sus editores querían que Abimael tuviera más peso. ¿Qué temía si lo hacía?

La chamba que eso significaba. No tengo mucho interés en figuras históricas como Abimael u otros villanos. La mayoría de ellos son una mezcla de daddy issues, traumas, mediocridad y azar. Quería divertirme escribiendo, no escribir la gran novela peruana. Pero dice “novela” en la portada para evitar que la gente vaya a Indecopi quejándose por no encontrar las Obras completas de Abimael Guzmán, que era el título original.

¿Cuáles son tus referentes en la literatura peruana?

Salvo “Paco Yunque” o “El Caballero Carmelo”, no leí literatura peruana hasta la universidad. De chico, leía novelas de detectives, ciencia ficción y Stephen King o Poe. Ya en la universidad leí a Vargas Llosa y Arguedas, además de Borges y todo lo que pude del boom. Ahora, he vuelto a leer detectives, ciencia ficción y terror.

¿Su autor peruano favorito?

Ribeyro por sobre todos. La tentación del fracaso es una obra maestra, un libro de libros: confesiones, guía para escribir y leer, chismes, laboratorio, etcétera.

¿Y Mario Vargas Llosa?

Genial. No lo leo desde 2002, pero recuerdo que Conversación en La Catedral me pareció la mejor novela peruana. Quizás junto a El mundo es ancho y ajeno, pero qué sé yo. Falta una mujer, ¿no?

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