Caso Cocteles: la resaca

En el Perú, el financiamiento de partidos se divide básicamente en tres. El estatal, el privado y el ilegal. El primero se ha burocratizado demasiado. Aplica mayoritariamente a los que tienen representación en el Congreso, lo que promueve la argolla parlamentaria que vivimos y la falta de recambio. Allí el Estado interviene arbitrariamente, politizando desde cómo eligen los políticos a sus comités hasta cómo desarrollan sus elecciones internas. Es el Estado —es decir, unos cuantos burócratas— quien decide cómo debe gastarse el dinero de todos los peruanos. Y no es que el resultado sea muy justo que digamos. Porque ya hemos visto cómo el JNE y la ONPE se tiran la pelota a la hora de los fraudes, los cambiazos y las ‘moñas’ de las elecciones internas.

 

FRANJA POCO FRANCA

Además, los burócratas reparten el dinero de todos los ciudadanos a cada partido aspirante al Congreso, pero lo hacen bajo criterios absurdos y filtros fácilmente vulnerados. Un ejemplo evidente es la mal usada franja electoral. Lo advertimos en estas mismas páginas el pasado 21 de septiembre de 2025 (“Franja para todos”).

Era seguro que la distribución del dinero de la franja electoral provocaría sinsentidos y corrupción. Porque los requisitos para la inscripción de cada medio eran absurdos y fácilmente manipulables. Primero, las radios y canales debían tener una licencia del MTC con su respectiva resolución ministerial. Pero no se habla del cambio de razón social o nombre del medio, lo que dejó una puerta abierta. Por su lado, los medios digitales debían tener más de cuatro años de experiencia en el rubro y una inversión mínima de 186 UIT en publicidad en ese lapso. Pero la verificación se ha hecho solo con los últimos meses de cada portal. Algo similar pasó con los creadores de contenido. Los influencers, oh sorpresa, solo debían sustentar un año de creación, 100 mil seguidores y 1.3% de engagement mínimo requerido (o 10 k visualizaciones en YouTube) en los últimos 30 días. Vale decir que bastaba con meterle plata un mes antes de la franja. Eso explica cómo la web Nativa pasó el filtro a pesar de su evidente inacción de meses. Esto provocó también la súbita aparición de nuevos creadores de contenido con granjas de trolls y flamante afiliación partidaria, para que el dinero se quede dentro del circuito. La casa siempre gana.

 

PRIVADOS DE PLATA

La segunda fuente de financiamiento de partidos políticos es la privada. Y en la práctica, esta fuente fue herida de muerte. Primero se prohibió abiertamente, en medio de la vorágine del caso Lava Jato. Luego, cuando aún intentábamos salir del reinado del terror de los Robespierre peruanos, se repuso el financiamiento privado pero con un límite bastante bajo.

Con el caso Cocteles en vitrina, más de un empresario lo ha pensado cien veces antes de darle dinero a un partido. Y muchas agrupaciones ahora se quejan de esa falta de financiamiento. Un partido, por ejemplo, dice que un alto funcionario bancario les prometió solo pagarles una encuesta. Otro aspirante a presidente, por ejemplo, cuenta que un agroexportador solo le paga el sueldo al asesor que le puso. Y el resto de ejemplos sigue la misma dinámica. Apoyar en especies, en logística o en capital humano. Nunca dar dinero en efectivo.

Difícil culpar a los empresarios. Muchos han sido humillados, acosados y destrozados mediáticamente por el caso Cocteles. Un juicio que hasta ha provocado cáncer en algunos y que le ha costado la carrera empresarial a más de uno.

Ante la falta de financiamiento privado, los candidatos millonarios han tomado la ventaja. Solo ellos tienen la espalda para costear mítines en todos los rincones del país y una logística que se imponga a nivel nacional. Irónicamente, al satanizar a la empresa privada, los fracasados fiscales del caso Lava Jato ayudaron a esta plutocracia. Y también le abrieron la puerta al financiamiento ilegal.

 

LAS ECONOMÍAS ILEGALES

La tercera fuente de ingreso son las economías ilegales. Nadie las controla y es muy difícil detectar su trazabilidad. La lección es simple. Somos muy valientes para fiscalizar a la empresa privada, pero totalmente cobardes cuando el dinero negro financia candidatos. Los fiscales peruanos del Equipo Especial Lava Jato buscan ‘organizaciones criminales’ y ‘lavado de activos’ solo en el financiamiento privado. Son implacables con los pocos empresarios que se atreven a meterse en política. Los empapelan, los paran de cabeza y los hacen desfilar. ¿Cuándo harán eso con los narcotraficantes metidos a políticos? ¿Para cuándo un megajuicio a los mineros ilegales que ponen candidatos? ¿Harán sus cuadros con las organizaciones criminales de verdad? Se sabe quiénes son. ¿Aló, José Domingo Pérez?

 

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