CAMINEMOS LIMA: El renacimiento del Centro Histórico que recupera nuestra identidad

Desde 2019, la metamorfosis del Centro Histórico de Lima es liderada por un equipo multidisciplinario que trabaja sin descanso. Arquitectos, historiadores, restauradores recuperan el brillo y la autenticidad de nuestra capital. 
La capital peruana atraviesa una transformación sin precedentes. No se trata de una simple capa de pintura, sino de una cirugía profunda al alma de la ciudad. 

Hoy, caminar por el centro de Lima, es toda una experiencia que nos permite valorar sus monumentos que han pasado de ser depósitos olvidados para convertirse en joyas que narran 491 años de historia.

El trabajo esta a cargo de Prolima, del programa municipal para la recuperación del Centro Histórico de Lima, de la Municipalidad de Lima. Para el gerente de Prolima, Luis Martín Bogdanovich, el Plan Maestro del Centro Histórico está devolviendo a la ciudad la dignidad que el tiempo y el descuido le habían arrebatado. «Estamos recuperando finalmente lo que Lima es y que Lima está llamada a ser: una gran ciudad».

 

Casa Tambo: El sabor de la historia

Ubicada estratégicamente como la puerta de entrada al Centro Histórico, Casa Tambo no es solo un restaurante, es un viaje en el tiempo. Esta joya arquitectónica del siglo XVIII, con más de 215 años de historia, ha vuelto a la vida tras una meticulosa restauración de cuatro años.

Su nombre rinde homenaje al legendario Tambo de Oro, aquel refugio que cerró sus puertas en 1985 y que hoy reabre convertido en un «museo vivo». Es el punto de descanso gastronómico ideal, donde se reviven recetas de la antigua capital y se ofrece una carta de bar limeño que invita a brindar por la recuperación de nuestra herencia.

Si bien la recuperación de esta casona, es por inversión privada, es el ejemplo que el centro histórico de Lima está más vivo que nunca y que ahora es visto como un nuevo lugar de inversión. 

 

El Parque Universitario: Donde el tiempo vuelve a sonar

Frente a la emblemática Casona de San Marcos, se alza la Torre del Reloj, una estructura de 29 metros de altura conocida también como la Torre Alemana. Fue donada en 1921 por la comunidad de inmigrantes alemanes para conmemorar el centenario de la Independencia.

Tras décadas de estar malograda y ser usada como depósito, hoy es posible conocer el reloj por dentro. Su complejo mecanismo alemán de pesas y engranajes vuelve a funcionar, activando campanas que interpretan el Himno Nacional a las 6:00 a.m., 12:00 m. y 6:00 p.m. «Es un instrumento musical con mucha tradición germana», explica Bogdanovich. Su recuperación es la pieza central de todo el complejo universitario.

 

Plaza San Martín: Epicentro de la vida pública

Inaugurada en 1921, esta plaza de marcado estilo francés es el núcleo cultural de Lima. El recorrido aquí debe comenzar obligatoriamente en la Farola de las Tres Gracias. Esta escultura de hierro fundido del siglo XIX —reproducción de un diseño renacentista de Germain Pilon— representa a tres figuras femeninas unidas de espaldas.

Lo que pocos saben es que con la restauración de esta farola se inició la recuperación integral del Centro Histórico. Es el símbolo del «monumento al amor» y el punto de partida para observar hitos desaparecidos como el Cine Metro o edificios en reconstrucción como el Giacoletti, que pronto recuperará su esplendor Art Nouveau de 1910.

 

Conjunto Monumental Santo Domingo: El esplendor del Rococó

Este pilar arquitectónico, cuyos orígenes datan del siglo XVI, es la sexta gran obra entregada bajo el Plan Maestro. La intervención de Prolima no solo reforzó estructuralmente la Basílica de Nuestra Señora del Rosario y la Iglesia de la Veracruz, sino que recuperó la estética de su famosa torre de 1780.

Al quitar decenas de capas de pintura, se hallaron los tonos originales: azules, dorados y pasteles. «El patrimonio, en la medida que es bello, cumple un rol fundamental para el bienestar público», señala Luis Martín. Caminar por su plazuela de canto rodado es sentir la Lima del siglo XVIII en su máxima autenticidad.

 

Barrios Altos: Memoria viva en cada esquina

La integración de Barrios Altos es una realidad que devuelve a la ciudad su memoria. En la Iglesia de las Trinitarias, los restauradores han dejado «ventanas» en las fachadas que muestran la evolución de la pintura mural desde el siglo XVIII.
A pocos metros, en la Plazuela de la Buena Muerte, el trabajo ha dejado expuestos los cimientos de la torre que cayó en el terremoto de 1746. Aquí, el tiempo parece detenerse frente al «torno de madera» que las monjas de clausura aún utilizan para comunicarse, manteniendo viva una tradición de siglos.

 

 

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