La noticia de la remodelación del Puente de los Suspiros y su impostergable cierre por seis meses, a escasos días del 14 de febrero, Día del Amor y la Amistad, ha caído como un baldazo de agua fría en la comunidad. “Yo lamento, me hubiera encantado que fuera (el cierre) después del 14, pero la empresa contratista tiene un calendario y plazos que cumplir”, explicó a Perú21 la alcaldesa de Barranco, Jessica Vargas.
Esta joya de la arquitectura peruana, inaugurada el 14 de febrero de 1876 para unir las calles Ayacucho y Abregú (próxima a La Ermita) en la gestión del alcalde Francisco García Monterroso, cumplirá este sábado 150 años.
En 1881 el puente fue quemado por las tropas chilenas durante la batalla de Chorrillos; sin embargo, fue reconstruido en 1884. A partir de entonces hubo mantenimientos aislados a la estructura, que corona el acceso a la Costa Verde a través de la Bajada de Baños.
Ahora, sin embargo, el puente que ha servido de inspiración poética, literaria y musical —Chabuca Granda creó el famoso vals “El Puente de los Suspiros” en 1960—, será objeto de una restauración que contempla el reforzamiento del estribo, el desarmado total de 200 metros cuadrados de estructura, el reemplazo y tratamiento de 2,100 piezas de pino Oregón y el mejoramiento del sistema de iluminación (faroles y bordes).
Las obras están a cargo de la empresa Consorcio Barranco y demandan una inversión de S/1’081,425.99 que ha sido autorizada por la Unidad Ejecutora de Inversión en Comercio Exterior y Turismo (Uicet) del Mincetur.
Durante el tiempo de remodelación, las personas podrán acceder de forma segura hacia La Ermita y transitar por la Bajada de Baños vía un arco de protección instalado debajo del puente.
FALTA INVERSIÓN INTEGRAL
El anuncio de la restauración del Puente de los Suspiros ha sido bien recibido a nivel técnico, pero ha generado también serios cuestionamientos desde una óptica urbanista.
Para el arquitecto y urbanista Augusto Ortiz de Zevallos, la intervención es necesaria aunque insuficiente si no se aborda el entorno histórico que rodea a uno de los símbolos más emblemáticos del distrito. Su principal crítica apunta a la falta de una intervención integral. A pocos metros del puente, recuerda, se encuentra una casona histórica que colapsó parcialmente por problemas de humedad en el adobe y que nunca fue rescatada pese a su valor cultural. “Era una pieza clave de Barranco. El problema no era puntual; la casa es un tejido completo y terminó colapsando por abandono”, explica.
La situación se agrava con el estado de la iglesia La Ermita, actualmente abandonada y convertida en “un nido de gallinazos”. “Han pasado años sin afrontar el problema. No hay gestión, sobran prohibiciones y trabas normativas, pero falta liderazgo”, cuestiona.
Para Ortiz de Zevallos, el caso del Puente de los Suspiros refleja un patrón recurrente en los centros históricos del país que se basa en la parálisis administrativa, legislación obsoleta y falta de decisión política. “Se actúa cuando todo está a punto de caerse. Así se pierde patrimonio, turismo y oportunidades culturales”, afirma e insiste en que Barranco requiere una visión de conjunto que articule el puente, La Ermita, las casonas históricas, la plaza y la conexión con la Bajada de Baños y el litoral. Incluso plantea recuperar antiguas infraestructuras como el teleférico hacia la playa o soterrar el Metropolitano para reconectar el distrito históricamente fragmentado.
