En su artículo “Stalin en El Helicoide”, publicado el pasado 25 de enero en El Nacional, la escritora y columnista Alicia Freilich traza un decálogo de reflexiones que cuestiona la sinceridad de la libertad concedida por Delcy Rodríguez a algunos de los casi dos mil presos políticos esparcidos en cárceles y centros de tortura del chavismo, como el establecimiento caraqueño de El Helicoide, y expone con crudeza ética lo que significa liberarlos de verdad, y no solo simularlo.
Alicia Freilich advierte que mientras a los excarcelados se les imponga el silencio —prohibiéndoles relatar cómo fueron detenidos sin acusaciones formales, torturados física y psicológicamente, o impedidos de retomar oficios y profesiones vinculados a la libertad de expresión— no puede hablarse de una auténtica reconciliación nacional. Los venezolanos claman por justicia, no por venganza. Pero la mafia que aún gobierna Venezuela sabe que, si la justicia fuera real, no habría impunidad posible para quienes han aplicado métodos estalinianos de represión, desaparición y miedo.
Mi madre evoca entonces a su tío materno, Ari Yehuda Warshavska, el único ‘rojo’ entre tres hermanos judíos ultraortodoxos. “Yehuda —escribe— se afilió a una célula comunista clandestina de Polonia y tuvo la osadía de pedir que se discutiera una orden de Stalin, por su crueldad injustificable contra la población civil desarmada. Horas después, sus propios camaradas lo secuestraron y lo enviaron al infierno nevado de Siberia, donde exterminaban a los enemigos de la revolución mediante maltratos y hambre en campos de trabajo”. La familia lo supo por una carta enviada al casillero 163 de mi abuelo, Máximo Freilich, en la que narraba su destino y pedía que, en el mismo sobre, le enviaran las migas de pan que sobraran en la mesa. El silencio posterior anunció su final.
“En memoria de ese tío confiado e ingenuo”, mi madre recuerda una reflexión de Martin Luther King: “La libertad nunca es ofrecida por el opresor; debe ser exigida por el oprimido”. “El régimen narcochavista, de naturaleza gansteril, debe salir ya y ser sustituido por una Junta Democrática…”, concluye la madre de este columnista, cuyo nombre completo es Ariel Yehuda Segal Freilich.
