Ha bajado la intensidad de sus apariciones públicas el presidente del Perú, José Jerí, al menos las que buscaban baños de popularidad, con jean, camisa remangada y gorro. Ahora lo vemos un poco más circunspecto, con ropa de vestir y hasta banda presidencial, a lo cual no nos tenía acostumbrados. Pudiera asumirse, tal vez, que el mandatario ya acusa el cansancio del ejercicio del cargo que conlleva la enorme responsabilidad de ser el gran administrador del Estado, sobrellevando la presión social y estando sometido al escudriñamiento de la prensa y de la población. El refrán de “escobita nueva barre bien” calzaría en este caso; su omnipresencia en todo evento sensible para el país cayó bien, pero el pueblo exige ya resultados.
Si bien el mandatario goza aún de buena aceptación, ya empieza a advertirse una tendencia a la baja en todas las encuestadoras nacionales, caso Ipsos, Datum y CIT (de Manuel Saavedra). En esta última, dada a conocer en el programa Panorama del 14 de diciembre, la caída de la popularidad es bastante acentuada, de 55% a 40.7%, casi de 15 puntos. Este desgaste del jefe de Estado es atribuido a que el ciudadano de a pie no solo percibe, sino que vive en carne propia que las extorsiones y el sicariato no han disminuido; al contrario, van en aumento, de ahí que cerramos este año con la cruenta cifra de 2,213 homicidios, según data oficial del Sinadef, 130 vidas más con relación a 2024 (2,083), estadística contrastable que se superpone a cualquier aparición mediática o interacción en las redes sociales.
Es llamativo el perfil bajo del presidente Jerí de los últimos días, salvo en el tema del accidente ferroviario del Cusco, que cobró la vida del maquinista y alrededor de 100 heridos; evento por demás inaudito que, esperemos, los operadores de justicia, con celeridad, individualicen a los responsables, se les sancione y se perfeccione el protocolo de circulación de trenes, a cargo del MTC, para que nunca más se repita un evento así.
Una muestra de que Jerí ya acusa cansancio y, si se quiere, se siente avasallado por las demandas nacionales, la principal, la de seguridad ciudadana, es su reciente declaración acerca de la lucha contra la delincuencia, que se puede esperar de cualquier ciudadano, no de quien detenta los cargos de jefe de Estado y de jefe de Gobierno: “Esta guerra, lo vuelvo a decir, no la voy a perder. Tampoco, por el tema del tiempo, la voy a ganar…”. Huelgan comentarios. Aprovecho estas líneas para desear a todos los peruanos un feliz y bendecido año 2026. Somos un país resiliente, nada nos podrá derrotar.
