Entre el tenis, la cocina y el sueño de entrar al Top 100 del ATP

A paso firme y con la mirada fija en la red. Ignacio Buse, o simplemente ‘Nacho’ para los amigos, ha dejado de ser una promesa para convertirse en la realidad más vibrante del tenis peruano. El 2025 ha sido el año de su consagración, escalando posiciones en el Ránking ATP hasta alcanzar el puesto 104 y consolidándose como la raqueta número uno del país, tomando la posta de Juan Pablo Varillas con una madurez que asombra a sus 21 años.

Su historia, sin embargo, no comenzó en una cancha de cemento, sino entre el aroma de la cocina y el eco de una raqueta en el Country Club de Villa. Nieto del legendario Enrique Buse y sobrino del prestigioso chef Gastón Acurio, ‘Nacho’ creció rodeado de excelencia. Aunque de niño soñaba con dominar los cucharones como su tío, fue su padre Hans, coach de tenis, quien le puso la primera raqueta en la mano cuando apenas tenía tres años.

La influencia de su tío Gastón fue clave, pero no de la forma que muchos imaginarían. Fue el propio chef quien, con la franqueza de un mentor, le advirtió sobre la dureza de la vida en la cocina: «Tienes que empezar lavando platos hasta las 4 de la mañana, no te va a gustar». Esas palabras terminaron de empujarlo hacia su verdadera pasión, aunque hoy confiesa que su mayor placer después de un partido es descubrir la gastronomía de cada país que visita.

El punto de quiebre en su carrera llegó tras un revés administrativo: un problema con su visa le impidió jugar tenis universitario en los Estados Unidos. Lo que parecía un obstáculo inicialmente fue su mayor oportunidad. Decidió lanzarse al profesionalismo al 100%, mudándose a Barcelona para entrenar en la Academia TEC. Allí, bajo la mirada de Albert Costa, empezó a forjar el carácter de un jugador que no se achica ante los grandes nombres del circuito.

El mundo entero volteó a verlo a inicios de 2024, cuando en una tarde épica de Copa Davis en Santiago, Ignacio Buse silenció al público chileno tras vencer a Nicolás Jarry, entonces ‘Top 20’ del mundo. Con solo 19 años y ubicado en el puesto 438, demostró que su tenis no entiende de jerarquías. «Jugué como si tuviera treinta años de experiencia», recordaría después sobre aquella victoria que lo puso en el radar del tenis sudamericano y mundial.

Su evolución en 2025 ha sido meteórica. No solo levantó su primer título Challenger en Heilbronn, Alemania, sino que repitió la hazaña en Sevilla, confirmando que la arcilla europea le sienta bien. Cada trofeo es un paso más hacia ese objetivo que se trazó de niño y que hoy acaricia con los dedos: entrar al selecto grupo de los 100 mejores tenistas del planeta.

Pero si hay un momento que marcó su temporada fue su debut en el cuadro principal de un Grand Slam. Tras superar una fase clasificatoria durísima, ‘Nacho’ pisó el cemento del US Open para enfrentar a Ben Shelton en el imponente Arthur Ashe Stadium. Aunque el resultado no fue victoria, el peruano le plantó cara al número 6 del mundo, ganándose el respeto de la grada neoyorquina y reafirmando que pertenece a los grandes escenarios.

En la interna, su círculo más íntimo destaca su sencillez. Su madre, Betty Acurio, es su seguidora más fiel y quien mejor conoce el sacrificio detrás de cada viaje. «Estamos siempre apoyándolo, en las buenas y en las malas», confiesa ella, quien recuerda con orgullo cómo su hijo pasó de ser finalista en dobles del Roland Garros Junior a ser hoy el líder del equipo peruano en la Copa Davis.

Incluso las estrellas del circuito ya lo reconocen. En sus entrenamientos en Europa, Ignacio Buse ha compartido cancha con figuras como Carlos Alcaraz y Novak Djokovic. Lejos de intimidarse, ‘Nacho’ absorbe cada consejo como una esponja. Su estilo de juego, agresivo y con un revés a dos manos que es un puñal, es el reflejo de una nueva generación de tenistas que combina potencia con una mentalidad de hierro.

Ignacio Buse es hoy el abanderado de un tenis peruano que vuelve a soñar en grande. Con la humildad de quien sabe que aún tiene mucho por recorrer, pero con la determinación de quien ya sabe lo que es vencer a los mejores, ‘Nacho’ sigue escribiendo su propia receta del éxito: una pizca de talento familiar, mucho trabajo en la cancha y el hambre insaciable de gloria. Y aunque terminó el 2025 con una fuerte lesión que lo hace apoyarse de muletas para desplazarse, prometió volver mejor que nunca en 2026.


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