
Uñas que se parten, descaman o crecen más lento, o la aparición de líneas verticales, mayor resequedad o una sensación de fragilidad que antes no tenías, puede relacionarse con los cambios hormonales propios de la mujer. Especialmente por la disminución de estrógenos, que influye sobre la hidratación, la producción de colágeno y la calidad de tejidos como piel, cabello y uñas.
Sin embargo, no todo se explica por la edad. Uñas muy quebradizas también pueden ser una señal de baja ingesta de proteína, hierro, zinc, biotina o de dietas demasiado restrictivas. Incluso el estrés crónico y dormir mal pueden afectar su crecimiento.
La alimentación cumple un rol importante. Pescado, huevos, menestras, carnes, frutos secos y semillas aportan nutrientes necesarios para formar queratina, la proteína principal de la uña. También ayuda protegerlas del exceso de agua, detergentes y removedores agresivos.
