¿Para qué sirve el presidente Jerí?

La campaña electoral, si es que ya empezó, es tan divertida como un chat familiar discutiendo el almuerzo navideño: un plomazo. Las sentencias de Vizcarra y Castillo, favoritos del masoquismo peruano, le quitaron drama y riesgo tempranamente. Por ahora. Ya aparecerá la bestia negra que pondrá en alerta a Miguel Dasso.

La campaña es un encefalograma plano: sin protagonistas capaces de convocar a nadie. El voto blanco, viciado o por ninguno supera por diez puntos la suma de aprobación de los tres primeros. En medio de esa desafección, los candidatos vociferan cojudeces e insultos como sucedáneos de ideas. La novedad es esa: la cojudez y la ofensa se han homologado como contenidos equivalentes, igual de insustanciales pero ricos en likes. Esta orfandad excita a los nichos, que juran haber encontrado al líder irreemplazable que cambiará la historia del Perú. Como en Casablanca, siempre nos quedará Barbadillo.

En este desierto asoma con cierta notoriedad funcional entre el figuretismo y el piloto automático el presidente provisional José Jerí. Como en el juego donde se golpea al topo que emerge del agujero, el cuerpo pide aplicarle un mazazo al inquilino de Palacio cuando aparece en sus inopinadas apariciones públicas.

A propósito de descargas, esta columna ha sostenido según rigor académico que la doctrina del gobierno de Jerí es un pajazo. Y que el Perú es un país de pajeros, inclinados a la autoestimulación en las prácticas más insólitas, incluido el acto electoral. Ese postulado sigue intacto.

Proyectando esta vocación nacional por la autogratificación, por lo menos hasta que arranque la campaña en enero, chancar a Jerí canalizará tensiones y frustraciones sin mejor destinatario en el poder. Hasta entonces alguien debe cargar con la mediocridad instalada y la resignación crónica.

Así, si Jerí visita una comisaría, debe protestarse que eso no resuelve la inseguridad. Si responde en Twitter, recordarle —también en Twitter— que un presidente debería tener cosas más urgentes que estar en Twitter. Si adopta un perrito, denunciar su fobia a los gatos. Y así, hasta que su valor como piñata del descontento colapse.

Es cierto, además del sobrepeso, Jerí no le ha ganado a nadie. Llegó por una extrapolación humorística de un precepto de Jorge Basadre: el azar en la historia. Llegó sin promesas, sin plan de gobierno, conducido por las razones caprichosas de la casualidad que define nuestra historia. Pretender que en seis meses resuelva problemas arrastrados por generaciones es ocioso ejercicio hepático. También es verdad que como nada se espera de él, a nadie debería defraudar.

El problema es que la masturbación, al ser un acto de autosatisfacción, pierde sentido cuando se practica con fastidio. Haciendo un esfuerzo probablemente inútil podría encontrarse algún propósito en la presidencia temporal del señor Jerí más allá de fungir de repositorio de desahogos.

Su legado será estrambótico, accidental e incomprensible. Esto quiere decir suficiente para su campaña en 2030. Será hasta un recuerdo risueño si es que no roba, acompasado por el lubricante musical de DJ Peligro, autor de Soy soltera y hago lo que quiero, Coja sino next y La Máquina, rebautizada como La Canción Presidencial gracias a la epiléptica imitación del ciudadano Martín Palacios, que ha encontrado una forma honesta de ganarse la vida en este disloque peruano sicosexual. La letra de dicha canción describe la atmósfera del régimen:

– Súbete a este maquinón
– Tra tra tra tra ¡duro!
– Mami, mueve ese culo
– Tra tra tra tra ¡duro!
– Perreando contra el muro

Como queda demostrado, aportes hay. El gobierno de Jerí recuerda que el país no tiene presidente: tiene un administrador del chat nacional, encargado de recibir quejas y malestares con una sonrisa. Su gran aporte será consolidar la posibilidad de un gobierno en Modo Avión, liderazgo en estado gaseoso que convierte el poder en una corriente de aire: no abre puertas, pero hace que algunas se cierren solas. ¿Su antítesis, Dina Boluarte, hubiera llegado en pie a las elecciones de abril?

Jerí se ha vuelto un logro estadístico: es el único presidente que no molesta porque nadie alcanza a notar del todo que existe ni recuerda exactamente qué está gestionando. No gobierna: flota. La generación Zeta que pedía su cabeza ahora viraliza los Tiktoks que lo imitan. Ha conseguido el sueño húmedo de toda autoridad promedio: reinar sin que nadie lo advierta.

El Perú ha tenido incompetentes, corruptos, delirantes y prófugos, pero jamás un mandatario que parezca accidental incluso mientras ejerce. Es el presidente ideal para un país cansado de sus presidentes. Cuando termine su encargo no dejará un vacío de poder: dejará exactamente lo mismo que había antes. Y en ese limbo quedarán resonando para la posteridad las sabias palabras de estos tiempos:

Máquina, máquina, máquina.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *