La política exterior no se alimenta de símbolos, sino de realidades operativas. En las últimas horas, el panorama político venezolano ha dado un vuelco que muchos consideran inesperado, pero que en los pasillos de Washington se venía cocinando a fuego lento. El gobierno estadounidense, bajo la administración de Donald Trump, parece haber tomado una decisión drástica: gestionar el proceso con el núcleo duro del régimen, representado por Delcy Rodríguez.
Pero, ¿por qué dejar de lado la legitimidad de María Corina Machado y la oposición venezolana? La respuesta, aunque cruda, es de un pragmatismo absoluto que hoy domina la narrativa en Washington y empieza a susurrarse con fuerza en las calles de Caracas.
El factor militar: La pieza que falta en el tablero opositor
Según información de analistas, entre ellos el periodista Francisco Poleo, la conclusión en Washington tras meses de observación es contundente: Estados Unidos no cree que la oposición tenga la capacidad operativa para tomar y sostener el poder.
La razón es el control de las armas. Para la administración Trump, si la oposición hubiera tenido la capacidad de fracturar significativamente a las Fuerzas Armadas, el cambio de mando habría ocurrido inmediatamente después de las elecciones de 2024.
Al no producirse ese quiebre, Washington comenzó a ver a la oposición como un actor con enorme capital político, pero sin un «brazo ejecutor».
«¿Ella lo entregó?»: El rumor que recorre la calle
Mientras los analistas debaten en sus despachos, para el ciudadano venezolano de a pie, la narrativa es mucho más directa.
En las esquinas y en las redes sociales se escucha con insistencia una idea que cobra fuerza tras la captura de Nicolás Maduro: que la propia vicepresidenta, Delcy Rodríguez, lo «entregó» para asegurar su supervivencia y la del sistema.
Esta percepción no es gratuita. Para muchos venezolanos, la rapidez con la que Washington ha pasado de las sanciones a la coordinación con Rodríguez sugiere un pacto previo.
El sentimiento popular es que Delcy ha negociado un «madurismo sin Maduro», sacrificando la cabeza del líder para encabezar un tiempo de transición que le permita al chavismo —o a una parte de él— transitar la tormenta bajo el ala de Estados Unidos, además que su presencia asegura para una continuidad administrativa, el funcionamiento de los bancos, de los puertos, es el canal directo con el poder.
De la retórica a la práctica: El examen que la oposición no aprobó
Durante meses, funcionarios de alto nivel, incluido Marco Rubio, mantuvieron líneas abiertas con Machado y su equipo. La petición de EE. UU. siempre fue la misma: pruebas de un plan concreto. No bastaba con el apoyo popular; Washington exigía detalles sobre: Cadenas de mando dispuestas a desertar, Control institucional inmediato para evitar el caos.
Las respuestas percibidas como evasivas por parte de la oposición fueron, para el gobierno de Trump, la señal de que no existía un mecanismo de transición viable. Ante este vacío, la Casa Blanca optó por mirar hacia quién sí tiene el control territorial y administrativo.
Incluso, la figura de Edmundo González, que es un símbolo electoral, y hasta puede ser considerado en una figura de consenso civil, no es un operador de poder. Podrá quizá para lo que viene, pero no para apagar el incendio que hay que apagar ahora y evitar que el país colapse en violencia.
Delcy Rodríguez: ¿Instrumento o aliada?
El plan sobre la mesa no buscaría legitimar al chavismo, sino utilizarlo como una estrategia de contención. La apuesta que Washington ya habría tomado es que Delcy Rodríguez estabilice el país bajo supervisión estadounidense. El secretario de Estado, Marco Rubio tendrá la misión de gestionar ello y preparar a Venezuela para el siguiente paso.
Incluso la retórica incendiaria que Rodríguez muestra en sus discursos públicos es interpretada en Washington como un «show para la galería», una forma de contener a las bases mientras se discuten los términos de una transición tutelada. Para el venezolano común, el veredicto parece estar dado, por lo pronto ya tiene el reconocimiento de las fuerzas armadas con lo que se avizoraría una progresiva estabilidad.
“María Corina Machado no tiene ni el apoyo ni el respeto del país»
Si bien Donald Trump, ha dicho abiertamente que María Corina Machado, no tiene ni el apoyo ni el respeto de los venezolanos, esto no significaría que este fuera de la ecuación. Su figura sigue representando un capital político que ni Washington ni los venezolanos pueden ignorar, lo preocupante sería que la saquen de juego.
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