Lo negaron en todos los idiomas y tribunas. Tanto las autoridades chavistas como el propio Gobierno cubano se esmeraron en rechazar todas las informaciones que denunciaban la presencia de tropas cubanas en territorio venezolano, motejándolas de patrañas imperialistas.
Sin embargo, el comunicado que el régimen castrista publicó ayer en Granma, su diario oficial, dejó en ridículo esas posturas tan “soberanistas” como patrioteras: “Como resultado del criminal ataque perpetrado por el gobierno de los Estados Unidos contra la hermana República Bolivariana de Venezuela, efectuado en la madrugada del 3 de enero, perdieron la vida en acciones combativas 32 cubanos, quienes cumplían misiones en representación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior, a solicitud de órganos homólogos del país sudamericano”.
Es realmente un escándalo y una desvergüenza mayúscula que Cuba declare abiertamente ahora que la guardia personal de Maduro era cubana y que 32 de los militares caídos en defensa del dictador fueran de esa nacionalidad. ¿Cuántos más serán los oficiales cubanos que actualmente siguen vivos –y en frenética actividad, a no dudarlo– en Caracas?
Queda claro que Venezuela no era un país, pues, autónomo y que en manos del chavismo seguía estando a cargo de otras fuerzas militares y sus respectivos intereses en la región. Los cubanos se movían en el país del llano como en su propia casa, especialmente, se sabe, en tareas de inteligencia, como perseguir y acallar a la oposición democrática, por citar un solo ejemplo.
¿Cómo quedan, luego de este comunicado, los simpatizantes bolivarianos en el Perú, los izquierdistas de postín que tanto protestan hoy por la “intervención militar extranjera” realizada por el gobierno de Donald Trump?
El petróleo de Venezuela –como el país mismo– debe ser administrado por los venezolanos, no por los cubanos ni por los norteamericanos, ciertamente. Pero que se reconozca ahora que quienes cuidaban a Maduro eran extranjeros debería, al menos, enrojecer los rostros de quienes admiraban a ese régimen dictatorial y abusivo que detenía y torturaba a sus opositores con el asesoramiento militar de fuerzas armadas de otros países.
