Diez años después de que Verónika Mendoza casi pase a la segunda vuelta con su ideario progresista, la izquierda electoral ha enterrado la agenda caviar. Y ha desenterrado la vieja agenda comunista, materialista y extractivista.
CLÓSET PROGRESISTA
¿Por qué las demandas de la comunidad LGBTIQ+ se han guardado en el clóset? Principalmente, porque la izquierda busca replicar el fenómeno electoral de Pedro Castillo, quien era un conservador provinciano. Y por eso también han quedado atrás los temas de género, la despenalización del aborto, la agenda verde y la unión civil. La izquierda parece haber renunciado a todo ese ideario progre por ser muy impopular, centralista y limeño. Tras el triunfo de Castillo, esas ideas fueron vistas como “pelotudeces democráticas”, citando al ganador de las elecciones primarias en la alianza Venceremos. Y por eso la izquierda parece haberse despedido de ellas. En una cruel ironía, la agenda progresista se ha escondido en el clóset.
PENSAMIENTO MARXISTA
La apuesta izquierdista al 2026 es ganar con otro Pedro Castillo por aquella frase marxista de que la historia siempre se repite dos veces. Aunque en el Perú, ambas veces ocurre como tragedia.
En términos de Marx (Karl), las causas posmateriales, identitarias o culturales que la izquierda progresista empuñó como banderas en las elecciones de 2016 se han arriado, con pragmatismo y mucho oportunismo. Más aún tras la derrota del académico Vicente Alanoca en las primarias y el triunfo del abogado Ronald Atencio. Si el primero hacía malabares para evitar decir que Venezuela era una dictadura, el segundo es claro y directo en su delirio: Venezuela es una democracia y el Perú es una dictadura.
En esa línea, la actual apuesta de la izquierda va más por las clásicas demandas materiales (cambiar el modelo económico) y las promesas maximalistas (Asamblea Constituyente, nueva Constitución). Vale decir que la izquierda ha vuelto a sus orígenes más autoritarios y conservadores.
Como la agenda caviar no pegó, volvieron al plan rojo: Asamblea Constituyente y nueva Constitución. En términos de Marx (Groucho), parafraseándolo: si no les gustan los principios progresistas, tenemos otros principios comunistas.
HOLA Y CHAU
Tras la caída de Alanoca, algunos de estos sobrevivientes zurdos han acoderado en Ahora Nación, el buque de Alfonso López Chau. Y siguiendo el signo de estos tiempos, han reescrito su pasado y su presente. Solo eso explica que Ruth Luque critique duramente al Congreso sin recordar que es congresista. O que Indira Huilca acuse una “dictadura” y critique a todos los últimos gobiernos, pero se niegue a devolver los US$250,000 que recibió indebidamente como indemnización. O que ahora Mirtha Vásquez insista en que no es antiminera para reconciliarse con el símbolo del casco minero de su nuevo partido.
Pero el sapo más grande a tragar por parte de Vásquez es, sin duda, su capacidad para criticar duramente el gobierno de Pedro Castillo, obviar que fue su primera ministra y sostener que de cualquier forma lo indultaría. Todo a la vez y sin arcadas.
La nueva agenda socialista, materialista y extractivista de la izquierda es como la de los 80. Y por eso congenian con López Chau, quien es básicamente un aprista ochentero, es decir, un socialdemócrata de antaño. Por eso, sus propuestas y su simpatía por Víctor Polay recuerdan al primer Alan García. Y quizás, por eso, Indira Huilca se siente tan a gusto en su partido, acaso reeditando el alanismo primigenio de sus padres.
DOBLE DISCURSO
Como ocurrió con Tambogrande, ahora la minería ilegal amenaza con explotar Conga sin los protocolos medioambientales que sí hubiera tenido la minería formal, esa a la que la izquierda antiminera le hizo boicot.
No sorprende la hipocresía de la izquierda, que antes era ecológica y hoy es prominera. Siempre se supo que la agenda verde de los zurdos era pura pantalla. Y por eso les decían sandías (verdes por fuera, rojos por dentro).
Hoy, el doble discurso minero de la izquierda se hace más evidente. A los formales les obstaculizan el trabajo con burocracia y ‘tramitología’ estatal. Como a Conga. Pero al ‘buen salvaje’ minero artesanal de pico y pala no se le exige nada. Parafraseando al mariscal Benavides: para mis amigos, la informalidad, y para mis enemigos, la ley.
