Visto a la distancia, el affaire en Puno fue el inicio del fin de la candidatura presidencial de Phillip Butters, el exprecandidato de Avanza País. Considerando que no es la primera vez que un candidato recibe un piedrón en la cabeza, vale la pena analizar el porqué de la dimisión. Al arrancar la segunda vuelta de 2006, Ollanta Humala fue saludado a piedrones en Trujillo. Un recibimiento politizado en tiempos de ‘sólido norte’ aprista y pocos celulares con cámaras. Un vistazo a la hemeroteca confirma que en casi todas las gestas presidenciales hubo incidentes. Quizás el primer piedrón electoral fue el de 1963, cuando Fernando Belaunde recibió una pedrada en el rostro en plena gira cusqueña. Según la leyenda, Belaunde pidió no perseguir a los atacantes. Y exclamó: “Qué son unas gotas de sangre en esta plaza donde Túpac Amaru fue despedazado”. Ese año Belaunde ganó la presidencia. ¿Por qué la victimización no le sirvió a Butters? Más allá de las cualidades personales, quizás la diferencia fue que no hubo gesto. FBT sangró y perdonó. Una cuota de sangre para expiar los pecados (de omisión). Un sacrificio cristiano en una zona tan olvidada como creyente. Hay otros factores. Butters llegó a Puno sin coordinación previa y se metió en la boca del lobo, a la radio La Decana, relacionada con el militante zurdo Alberto Quintanilla. Tras el incidente, fuentes del partido cuentan que se coordinaron dos entrevistas más, para emparejar el marcador. Pero el entonces candidato se negó y se retiró de Puno. Los líos internos y el problema del financiamiento terminaron por golpear la candidatura. En ese sentido, el affaire puneño fue una pedrada en ojo de tuerto. Es decir, una salida oportuna para renunciar.
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