
Hola, soy Magaly Moro y leo todos los días tu caso del corazón para darte un consejo. Siempre protejo la identidad de las personas que me escriben porque esta historia podría ser la de cualquiera.
El amor nos impulsa a ser mejores personas, pero también nos puede cegar y poner contra la espada y la pared. En este espacio recibirás un consejo, el consejo de una amiga anónima. Ojo, esto no es una terapia. En muchos casos sí es importante recurrir a una, ya sea solo o en pareja.
Hoy te cuento la historia de Carlos, de 36 años, que nos escribe desde Cercado de Lima.
Doctora Moro, me enamoré platónicamente de una cantante criolla. Desde hace mucho tenía el interés de ir a una peña y pude concretarlo un viernes después del trabajo.
Mis excompañeros de centro de labores me invitaron a una velada criolla en el Centro Social Cultural Musical Breña, un espacio tradicional y acogedor donde se respira criollismo. Además de los músicos de primer nivel, me sorprendió la presencia de una cantante joven y hermosa en el escenario. Interpretaba con tal pasión que se me escarapelaba el cuerpo.
Cuando comenzaron a tocar un vals, minutos después, algunos asistentes subieron a bailar al escenario. Entre ellos estaba la cantante, que hacía alarde de su carisma y belleza.
Mis amigos me animaron a invitarla a bailar en la siguiente canción, pero lo consideré inapropiado. Preferí contemplarla a lo lejos mientras bebía mi chilcano y todos vitoreaban: “¡Esto es Breña!”.
Ya casi al finalizar el show, vi que compartía mesa con un grupo, y mis amigos nuevamente me animaron a que, por lo menos, la saludara.
Mi timidez pudo más y me quedé en mi sitio hasta que, unos minutos después, cada uno de ellos se fue retirando. Al día siguiente me llevé una gran sorpresa: uno de mis compañeros logró acercarse al grupo y compartió con ellos un momento.
Tal vez esa pudo ser mi oportunidad, pero por algo suceden las cosas. Tengo ganas de volver a esa linda peña de Breña y también de ver a la cantante para que interprete, con su dulce voz, “Un fracaso más, qué importa”.
OJO AL CONSEJO
Querido Carlos, admirar a alguien es hermoso, pero no permitas que la timidez te robe experiencias. Si vuelves a verla, acércate con naturalidad y salúdala; no tienes nada que perder y sí mucho por ganar. Recuerda que las mejores historias suelen comenzar con una simple conversación. ¡Que el próximo vals no te encuentre solo de espectador!
