El lapso de estudio corresponde al trimestre móvil que va de febrero a abril de 2026 y revela, además, cómo se mueve el grupo restante: solo el 12.8% de las personas en edad de trabajar y con un empleo remunerado lo hace en establecimientos de 11 a 50 trabajadores; mientras que el 28.2%, en empresas de 51 a más trabajadores.
Sin embargo, aunque las micro y pequeñas empresas (Mypes) carguen con el peso principal del trabajo en el país, conviven con una amenaza: deben sortear un “umbral de la muerte” cuando cumplen tres años dentro del dinamismo económico.
Así lo recabó recientemente el Banco de Crédito del Perú (BCP) en una actualización que elaboró de la mano de Rolando Arellano para el libro “Perú: el país más empresario del mundo”. ¿A qué se debe?

Los establecimientos más pequeños —aquellos con hasta 10 trabajadores— reúnen a casi seis de cada diez personas ocupadas en el país.
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Los años de “fuego”
En detalle, los hallazgos de la institución financiera indican que en dos de cada tres familias hay empresas, pero esta dinámica emprendedora se enfrenta a una alta mortandad: solo superados los tres años de vida, la probabilidad de continuidad empresarial aumenta significativamente.
Al respecto, Jose Callegarí, líder del programa Contigo Emprendedor BCP, sostuvo que “muchas familias combinan trabajo y negocio propio como estrategia de subsistencia y progreso”. E hizo una precisión: “No habla solo de empresas formales, sino más bien de un rasgo cultural en el que emprender es parte de la vida cotidiana de un segmento de la población”.
Explicó, en esa línea, que el tercer año es un punto crítico porque “muchos emprenden, pero con poco capital, informalidad y poca capacidad para sostener el negocio en el tiempo”.
Rodolfo Ojeda, presidente del gremio de la Pequeña Empresa de la Cámara de Comercio de Lima (CCL), apuntó al factor de capacitación oportuna.
“Muchas de las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes) surgen porque, como no hay trabajo, la gente gente genera su propio empleo, pero la formación previa no ayuda en absoluto a un emprendedor. En las universidades no enseñan finanzas personales, habilidades blandas, liderazgo, gestión empresarial. Frente a la ignorancia el mercado es totalmente agresivo”.
Pero hay una arista que, resaltó Ojeda, no puede pasarse por alto. En gran parte de las empresas familiares, la gestión se maneja como se maneja una casa: de manera intuitiva y sin demasiada planificación técnica. Recién cuando un negocio logra sobrevivir más de tres años aparece la necesidad de profesionalizarse, capacitarse y buscar asesoría para sostener el crecimiento.
Así, comentó que, después del tercer año, solo tres empresas de 10 “quedan vivas”. “Luego viene la barrera de los cinco y de los siete años”, agregó.
“Al décimo año muy probablemente llegue una o dos como máximo, o sea, realmente en 10 años la mortandad es del 80%. Esas empresas ya aprendieron en el camino, ya tuvieron ese ‘valle de la muerte’ a los tres años, sobrevivieron, y ahora están luchando por mantenerse”.

¿Cuántas mypes sobreviven tras 10 años de lucha en el mercado? (Foto: Andina)
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Formalidad empresarial: una paradoja
El vocero gremial subrayó que la informalidad sigue siendo una de las marcas más profundas de las mypes peruanas: alrededor del 80% opera bajo esta mala práctica no necesariamente porque desconozca las reglas, sino porque no encuentra ventajas al cumplirlas.
En suma, muchos emprendedores sienten que formalizarse los coloca bajo presión tributaria y burocrática sin ofrecerles herramientas reales para crecer.
Aun así, la paradoja de las mypes peruanas aparece cuando se trata de cifras: aunque la informalidad domina al sector, los pequeños negocios continúan expandiendo, como pueden, el empleo adecuado.
El INEI lo respalda cuando establece una comparación entre el trimestre móvil de análisis con el mismo periodo del 2024: la población con empleo adecuado —es decir, que trabaja 35 o 40 horas semanales y percibe un ingreso igual o superior al salario mínimo legal— se incrementó en 10.1% (127,300) en las empresas de 51 y más trabajadores; en 8% (136,200) en aquellas de 1 a 10 trabajadores; y en 2.1% (11,400) en las unidades económicas de 11 a 50 trabajadores.
Puntualmente, en el trimestre de febrero a abril del 2026, el 48.5% de los trabajadores con empleo adecuado laboraron en empresas de 1 a 10 operarios; el 14.8% en establecimientos de 11 a 50; y el 36.7% en empresas de 51 y más trabajadores.

El avance del empleo adecuado en los pequeños establecimientos evidencia hasta qué punto las mypes siguen sosteniendo la economía cotidiana del país.
No obstante, el dinamismo de las mypes también refleja las desigualdades territoriales del país. Ojeda destacó que las regiones de la costa, especialmente Lima, concentran mayores oportunidades para los pequeños negocios; mientras que en zonas de la sierra y la Amazonía, la informalidad alcanza niveles mucho más altos.
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El rol del Estado
En el universo de las mypes, el comercio y los servicios concentran la mayor actividad. Son bodegas, restaurantes, talleres, tiendas, peluquerías y pequeños negocios familiares que dominan gran parte de la economía peruana; y como su supervivencia suele depender de márgenes mínimos, la CCL propone que la carga tributaria sea progresiva y más flexible durante los tres primeros años.
Es decir, crear incentivos tributarios y financieros que premien el crecimiento empresarial en lugar de castigarlo.
Pero más allá de los impuestos, el debate sobre las mypes también pasa por educación y confianza. Para el líder gremial, el Estado necesita explicar mejor cómo los tributos pueden traducirse en carreteras, salud o educación. En conclusión, en escenarios palpables que los empujen, no que los desalienten.
El dato:
- Los emprendedores no están pensando en maestrías ni especializaciones largas. Lo que necesitan son conocimientos rápidos y aplicables al día siguiente en su negocio: cómo ordenar sus cuentas, mejorar ventas y usar redes sociales para conectar con los usuarios. La inteligencia artificial en estos procesos se vuelve clave.

