
El cáncer genera más de 4 millones de nuevos casos y cobra la vida de más de 1,4 millones de personas cada año solo en la región de las Américas, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).Detrás de estas cifras se encuentran pacientes que enfrentan tratamientos exigentes, como cirugías, quimioterapia y radioterapia y su cuerpo experimenta un alto costo físico y emocional.
Lo que muchos desconocen es que existe una herramienta capaz de reducir significativamente el impacto del tratamiento oncológico, como la kinesiología oncológica. Esta especialidad se ha convertido en un pilar fundamental del tratamiento integral, ya que permite preservar la funcionalidad, prevenir complicaciones y mejorar la calidad de vida tanto del paciente como de su familia, durante y después del tratamiento médico, incluso en la reaparición del mismo cáncer y nuevos tipos de cáncer.
José Antúnez, jefe de Kinesiología de la Fundación Arturo López Pérez (FALP), señala que los avances en las terapias oncológicas han mejorado la supervivencia de los pacientes, pero han generado una mayor necesidad de rehabilitación integral. “La terapia kinésica especializada, ayuda a disminuir secuelas como el dolor, mucositis, neutropenia, infecciones, fatiga, debilidad muscular y alteraciones del equilibrio. Además, es fundamental para contrarrestar el deterioro físico y emocional del paciente, especialmente en personas mayores con patologías crónicas preexistentes”.
En este sentido, Antúnez explica que esta especialidad es responsable de prescribir, guiar y supervisar esta práctica terapéutica de forma segura y personalizada, destacando sus múltiples beneficios.
- Restaura la funcionalidad física. Un plan de ejercicios personalizado puede aumentar la fuerza muscular entre un 20% y 35%, contrarrestando el deterioro progresivo que generan los tratamientos. El objetivo es que el paciente mantenga su independencia y autonomía durante todo el proceso.
- Ayuda a manejar el dolor y la sensación de agotamiento. La fatiga oncológica es uno de los síntomas más limitantes del tratamiento. Con técnicas específicas de ejercicio, es posible reducirla entre un 30% y 40%, permitiendo que el paciente recupere energía para sus actividades cotidianas.
- Mejora la función respiratoria. A través de ejercicios dirigidos, se trabaja la capacidad pulmonar y la mecánica respiratoria, lo que es especialmente relevante en pacientes con cáncer de pulmón o que han sido sometidos a cirugías torácicas.
- Disminuye síntomas del linfedema. Pacientes tratados por cáncer de mama, por ejemplo, pueden desarrollar esta condición crónica, acumulación de líquido linfático en el brazo, como consecuencia de la extirpación de ganglios o la radioterapia. Mediante técnicas de drenaje linfático manual y ejercicios de movilidad guiados por un kinesiólogo especialista, sus síntomas pueden reducirse considerablemente.
- Apoya la salud mental. El movimiento tiene una dimensión emocional real. Los ejercicios guiados, incluyendo técnicas de respiración consciente, promueven la confianza, la autonomía corporal y la adherencia al tratamiento. El cuerpo que se mueve recupera su sentido de control.
Uno de los conceptos menos conocidos es la pre habilitación, es decir, iniciar el acompañamiento kinésico incluso antes de una cirugía o de comenzar la quimioterapia. “La prehabilitación es fundamental, no solo para que el paciente llegue en mejores condiciones al tratamiento, sino también para que tenga una mejor recuperación y un mejor pronóstico”, explica Antúnez.
Cabe destacar que no existe una rutina estándar; cada programa debe adaptarse a las condiciones clínicas del paciente en cada momento: su tolerancia, su evolución y el tipo de tratamiento que recibe. Lo importante es que la actividad, ya sea caminar, andar en bicicleta o la movilización de extremidades, sea constante y esté bien supervisada.
Instituciones especializadas como FALP integran la kinesiología dentro de un modelo de atención donde médicos, enfermeras, nutricionistas, terapeutas ocupacionales y kinesiólogos trabajan de forma coordinada. Porque cuando se habla de tratar el cáncer, el movimiento también cuenta.
