
Hola, soy Magaly Moro y leo todos los días tu caso del corazón para darte un consejo. Siempre protejo la identidad de las personas que me escriben porque esta historia podría ser la de cualquiera.
El amor nos impulsa a ser mejores personas, pero también nos puede cegar y poner contra la espada y la pared. En este espacio recibirás un consejo, el consejo de una amiga anónima. Ojo, esto no es una terapia. En muchos casos sí es importante recurrir a una, ya sea solo o en pareja.
Hoy te cuento la historia de Rosa, de 45 años, que nos escribe desde Los Olivos.
Doctora, después de tantos años con Carlos, hay una sensación que no puedo ignorar: convivimos como dos personas organizadas, pero no como una pareja. La casa funciona, todo está en orden, pero el vínculo se siente plano.
Nuestra dinámica gira en torno a responsabilidades. Hablamos de cuentas, pendientes, temas familiares, pero casi nunca de nosotros. Es como si la relación hubiera quedado en segundo plano sin darnos cuenta.
No hay peleas grandes ni conflictos evidentes. De hecho, nos llevamos bien. Pero esa “calma” tiene algo vacío, como si evitáramos profundizar o simplemente ya no supiéramos cómo hacerlo.
En varios momentos intenté generar espacios distintos, proponer algo más íntimo o salir de la rutina, pero suele quedar en nada. No hay negativa directa, pero tampoco iniciativa.
También noto que, cuando estamos juntos sin una actividad concreta, aparece cierta incomodidad, como si no supiéramos qué decirnos. Eso me hace pensar que la distancia no es solo de tiempo, sino emocional. Lo que más me inquieta es la costumbre. Esa sensación de que esto se volvió normal y que ambos nos adaptamos a una convivencia correcta, pero sin conexión emocional.
No sé si esto es parte natural de los años o si estamos dejando que la relación se enfríe sin darnos cuenta. Me cuesta encontrar la forma de mover algo que parece tan instalado
CONSEJO
Estimada Rosa, cuando una relación se vuelve funcional, no necesariamente está rota, pero sí puede quedar desconectada. Más que “hacer planes”, intenta cambiar la calidad del encuentro. Por ejemplo, propón un espacio breve sin distracciones donde no se hable de pendientes. Observa si hay apertura o incomodidad. Si ambos lo reconocen, el vínculo puede reactivarse.
